Begoña Peñamaría

Mucho decir y más hacer

Esta servidora, que carece de preferencias partidistas, porque concibe la política como una ayuda al ciudadano y no hacia sus representantes; entiende que ser feminista es una obligación para todas las mujeres y, por fortuna, para una buena parte de los hombres.Ser feminista no significa ser mujer y creerse por ello superior a un hombre, sino ser mujer y ser consciente de que por mucho que no queramos verlo, todavía hay que pelear en los despachos para conseguir que las integrantes del sexo femenino gocemos-a todos los niveles- de los mismos derechos y deberes que los componentes del sexo contrario.No querer ver, negar la necesidad, decir que una ya siente esa igualdad que venimos reclamando desde el principio de los tiempos y que hemos ido ganando poco a poco a costa de la lucha de mujeres valientes y de la propia vida de otras que no están aquí para contarlo; en mi pueblo se llama carecer de empatía, negar la mayor o simplemente mirar hacia otro lado.Mientras sigan muriendo mujeres a manos de sus parejas, siendo víctimas de luz de gas e incluso de violencia vicaria, o mientras haya hombres que duden de sus capacidades intelectuales porque juzguen únicamente por unos atributos que son tan efímeros como los de ellos, o que se aprovechen de su superioridad física para tratar de satisfacer por la fuerza unos instintos animales que ponen en entredicho su propia supremacía intelectual; continúa haciendo mucha falta protección para las mujeres.

Sin mirar atrás

De pronto, la vida se volvió tuerta y nos mostró en cueros nuestra absoluta fragilidad, arrasando de golpe muchos de nuestros proyectos, ilusiones, planes, negocios, vidas y salud mental.Las secuelas más notables de dicha devastación están estrechamente ligadas a la tristeza producida por la desaparición masiva de seres conocidos o queridos, así como a la depresión que para muchos ha traído consigo el vivir durante año y medio en un insoportable estado de soledad e incertidumbre.