¿Y qué?

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Repasando frases célebres y reflexiones que suelo anotar, me topo de golpe con un consejo de Andy Warhol que el artista solía poner en práctica y que considero que, en estos tiempos frustrantes, a todos nos puede hacer mucho bien.

El famoso artista, que triunfó hasta la saciedad y pasó a los anales de la historia por la puerta grande, a menudo repetía que las personas solían permitir que sus problemas los hiciesen sentir miserables durante años cuando simplemente podrían haber dicho; ¿Y qué?

Alegaba que su madre no lo había querido o que, a pesar de tener éxito, le faltaba con quien compartirlo. Sin embargo, lejos de afligirse, cada vez que la congoja acudía a sus entrañas, en lugar de atormentarse, únicamente se formulaba a sí mismo la pregunta anteriormente mencionada.

Andy también hacía mención a la gran cantidad de años que le había llevado aprender a utilizar esa defensa de forma sistemática, así como de lo mucho que le había liberado el ser capaz de responder mentalmente a todos sus males con un “y nada”.

Yo no sé si la pregunta que da título a este artículo de opinión funciona para todo, pero es posible que no sea así; en cualquier caso considero que es un buen mantra. Cuando la vida es diferente de la que uno se esperaba –que en realidad es siempre–, merece la pena intentar no caer en las fauces del drama y formularse la misma cuestión que salvó a Andy de muchas de sus miserias.

En realidad no se trata más que de una rendija, de una puerta abierta que nos puede ayudar a aceptar lo que nos sucede con orgullo y pundonor. A jugar nuestras cartas con la cabeza alta y siendo conscientes de que la partida puede cambiar en cualquier momento. Y de que esto puede suceder para bien o para mal.

Porque la vida no es más que un juego que, a veces, querríamos abandonar, otras desearíamos por todos los medios ganar o, incluso, podríamos llegar a conformarnos simplemente con participar.

Lo que si es cierto es que la partida estará llena de novedades y de que, por ello, nos asustaremos a menudo. El miedo se apoderará de nosotros y tendremos ganas de volver a la casilla de salida aunque no sepamos muy bien cómo. Pero lo importante es continuar, no abandonar y procurar resolver la jugada con dignidad, necesitemos el tiempo que necesitemos para ello.

Todas las cosas que no están en el guion asustan, porque o son desconocidas, o no hemos sido aleccionados para ellas, o nos hemos forjado a nosotros mismos una coraza de protección de la que no nos atrevemos a despojarnos pero, al final y en general, son las que valen la pena.

Vivir es complejo porque, además de las circunstancias personales de cada cual, todos cargamos con una mochila más o menos llena de pesadumbres de toda índole que, en los momentos más inoportunos se empeña en abrirse para recordarnos viejos temores que contribuyen a paralizarnos o a hacernos llorar… Y la mejor respuesta que podemos darle a esos fantasmas que de vez en cuando salen a pasear, no es otra que la pregunta con la que Warhol respondía a sus demonios: ¿Y qué?

¿Y qué?