Begoña Peñamaría | “En ‘Dejadme marchar’ la esperanza está siempre latente pese a la dureza del relato”

La escritora Begoña Peñamaría posa con uno de sus libros anteriores | patricia g. fraga

Begoña Peñamaría (A Coruña, 1971) es escritora, articulista y diseñadora de moda. Gracias a Arenas, publica la segunda edición de ‘Dejadme marchar’, un homenaje a su hermano fallecido y un canto a la vida.

 

 

¿Cuál es el punto de partida de ‘Dejadme marchar’?

Es un homenaje a un hermano mío que falleció joven. Y es una especie de canto a la vida, en realidad es un libro que enseñando a morir nos enseña a vivir y a disfrutar de la vida y del momento. Tuvo mucho éxito en su primera tirada y se agotó completamente y entonces me propusieron volver a sacar otra edición que está teniendo muy buena acogida.

 

¿El público ha conectado mucho con la historia?

Es un libro terapéutico diría yo porque en realidad nació como un homenaje, un poco hace alusión el título a lo que sucedió pero también de alguna manera en principio nace como homenaje pero es que después se convierte en un libro que ayuda a muchas familias que están pasando por situaciones similares e incluso enfermos, entonces es una manera de aceptar y al mismo tiempo de recordar las cosas buenas que tiene la vida y de tratar de bebérsela a grandes sorbos, de no desaprovecharla.

 

¿Cómo se desarrolla el relato?

Es un relato muy difícil de escribir porque es un poco autobiográfico, lo escribo siete años después de su fallecimiento cuando un poco las heridas están cicatrizadas y tengo una perspectiva para poder contar su historia y de alguna manera intentar evitar que muera del todo, e intentar ayudar sobre todo a personas que pasan por una circunstancia parecida, por tanto yo me metí en la piel de él, de mi hermano, y escribí el libro en primera persona. Narra la historia desde el comienzo de la enfermedad, con esos flashbacks al pasado con los que tú vas queriendo al personaje porque te das cuenta de que antes de ser una persona que está enferma tuvo una vida muy plena y muy feliz y entonces tenemos como idas y venidas que van haciendo que lo vayas queriendo y que vayas de su mano hasta que te das cuenta de que el final es irremediable, pero también vas viendo como él lo va viviendo, cómo lo va aceptando y de alguna manera la paz que deja en todos los que lo queríamos.

 

Es un libro que ayuda a muchas familias que están pasando por situaciones similares

 

 

 

¿Cuál ha sido la reacción de quien lo ha leído?

Todo el mundo me ha dicho que se ha emocionado pero no se le ha quedado mal cuerpo, se le ha quedado una esperanza, siempre una esperanza y un cariño especial, es mucha la gente que después de leerlo se pone en contacto conmigo para contarme lo que les ha hecho sentir el libro y hay un denominador común, todos sienten un respeto máximo por él y una emoción muy grande por la historia, y una esperanza. La esperanza está ahí todo el tiempo latente, a pesar de la dureza de la historia.

 

¿Diría que es el libro más importante de su carrera?

Sí, primero porque fue muy complicado de escribir por los sentimientos que había en juego y después porque es el primero y marca un inicio. Yo realmente soy sobrina nieta de la escritora Elena Quiroga, que fue académica de la lengua y Premio Nadal, pero mi vena literaria surge a partir de este libro.

 

¿Cree que la clave para gustar al lector es lo humano de su argumento?

Exactamente, es que es un libro muy humano, es un relato sin artificios, que desnuda un alma que en este caso es la mía pero en boca de él, y sin trampa ni cartón, aquí todos somos iguales y da igual absolutamente igual quién es quién y de donde viene, ante la enfermedad somos todos vulnerables y todos igual de frágiles. 

Begoña Peñamaría | “En ‘Dejadme marchar’ la esperanza está siempre latente pese a la dureza del relato”

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