Fermín Bocos

Broncas parlamentarias

Meritxell Batet, presidenta del Congreso, llama la atención a los diputados pidiendo más respeto y educación en las intervenciones en los plenos, que dejen los insultos y las ofensas fuera de la Cámara.

Los escraches cambian de bando

La alcaldesa debutó en el escenario de la política haciéndose llamar “Supervivienda” y disfrazándose para escrachear y boicotear actos del PP.A Iglesias, que era uno de los intervinientes en la fiesta en la que el PCE conmemoraba el centenario de su fundación, algunos de los asistentes le interrumpieron preguntándole dónde estaba el cambio y el progreso político del que alardeaba.

Ganar tiempo

No hará nada parecido a la sedición que dio con los huesos de Oriol Junqueras en prisión.Han tomado nota de la fortaleza del Estado y aunque acuden a la mesa bilateral con el Gobierno de España con algunos de los políticos que pasaron por la cárcel y después fueron indultados, las bravuconadas del tipo “lo volveremos a hacer”, se quedarán en las palabras.Pedro Sánchez viaja a Barcelona “liderando la representación del Gobierno” - son palabras suyas- con la intención de ganar tiempo.

¿Quién teme a Díaz Ayuso?

La irrupción de Esperanza Aguirre abona ese pronóstico.Y es el caso porque un tema que debería resultar irrelevante –¿qué les importa a los votantes quien gestiona las tripas del partido?– va camino de provocar una división entre partidarios de Díaz Ayuso y los del alcalde de la capital, Martínez Almeida, a quien apoya abiertamente el presidente nacional Pablo Casado.Ayuso, que arrasó en los comicios de mayo, tiene derecho a reclamar el liderazgo regional ya que coincidiría con el liderazgo político recién ratificado en las urnas.

Cuando Sánchez decía

“Misión cumplida”, exclamó a la vuelta de los uniformados que regresaban de Afganistán.Pero no hace tanto, cuando giraba por España recalando en las agrupaciones del PSOE como el huérfano al que habían maltratado y defenestrado las madrastras del Comité Federal, declaraba que había que suprimir el Ministerio de Defensa.Por no hablar de cuando sentenció que estaba en contra de indultar a los sediciosos del “procés” y luego todos sabemos cómo terminó la cosa.

Podemos rehúye hablar de Afganistán

Y lo hizo para hablar de las “injerencias extranjeras” en aquel país –en referencia a la presencia de los EEUU y demás miembros de la OTAN que han tratado de asentar un proyecto de democracia– porque, según su decir: “el camino de la guerra y su alianza con la industria militar siempre acaba con la paz de las mujeres”.Teníamos a una geoestratega de primer nivel y no nos habíamos dado cuenta.Ni de ella ni de algún miembro o “miembra” de la abultada nómina de asesoras empotradas en el Ministerio –doctas algunas hasta en el cuarto sexo– se ha conocido un solo gorjeo denunciando el adverso destino que el régimen talibán reserva a los homosexuales.

Mal comienzo

O el propio Pedro Sánchez limitándose a decir que no es una democracia.La presencia en el Ejecutivo de cinco ministros de Podemos, explica la servidumbre del Gobierno ante la crisis por la que atraviesa Cuba.

Miserias de la política

Un sentimiento, incluso de vergüenza, en el que probablemente coincidirá el también ya exministro Juan Carlos Campo, un magistrado que arruinó su prestigio de jurista poniéndolo al servicio del contorsionismo político de Sánchez para quien le organizó la cobertura legal de los indultos y para el que estaba trabajando en una revisión del Código Penal en la que la pieza clave pasaba por el cepillado de las penas que aparejaría en el futuro el delito de sedición.Ambos, Ábalos y Campo que recibieron la noticia de su destitución prácticamente al tiempo que se hacían públicas tendrán ahora tiempo para reflexionar acerca de la ingenuidad que supuso confiar en la lealtad de un personaje como Pedro Sánchez que en política no se guía por otro principio que su interés personal.

La caída de Redondo

El caso es que Redondo tenía enemigos en el seno del Ejecutivo –puenteaba a los ministros– y no teniendo ningún amigo en la cúpula del PSOE a cuyos dirigentes ninguneaba -como muestra la errática campaña de las elecciones autonómicas de Madrid en las que el partido se dio un tortazo descomunal- su caída no ha sido llorada por nadie de la parroquia socialista.Si acaso por el conglomerado ministerial de Podemos –una suerte de aldea gala en el seno del Gobierno– porque Redondo era compadre de Pablo Iglesias, el ausente que mueve los hilos en la sombra de la tribu morada.

Ministros quemados

Quiere decirse que su discrecionalidad para introducir cambios en el Gabinete está menguada por los acuerdos a los que en su día llegó con Pablo Iglesias para fijar en cinco las carteras ministeriales que correspondían al partido morado, una de ellas con rango de vicepresidencia.De esa servidumbre se desprende que en el proceso de reflexión para llevar a cabo un reajuste ministerial que se da por cercano, de las veintitrés carteras que componen el Gabinete sólo quedan al arbitrio presidencial las diez y ocho restantes.

Los indultos y el olvido

Según comentario extendido en los ambientes políticos madrileños a él se debe la idea de que el actual estado de indignación provocado en amplios sectores de la sociedad española-no sólo entre votantes de la derecha, también entre afines al PSOE- es mal pasajero.Confía en que así que pasen unos meses la gente se irá olvidando dejándose llevar por algunas de las novedades que se anuncian: el reparto y riego de millones a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos a cuenta del Fondo de Solidaridad de la Unión Europea y la atenuación de los efectos de la pandemia por obra de la campaña de vacunación que se estima habrá culminado a finales de este año.Pedro Sánchez ha hecho suyo el pronóstico de su gurú particular y lo incorporó a la homilía que pronunció ante el entregado auditorio del Comité Federal del PSOE. Hizo suya la prognosis de Redondo añadiendo de su cosecha un “recuerdo del futuro” más que optimista: estamos en puertas de una recuperación económica que irá más allá de cuanto habíamos visto hasta ahora, empezando por la creación de empleo y la recuperación de muchas de las empresas destruidas por los efectos de la pandemia.Sí en el próximo mes de septiembre se celebraran elecciones, el PP aventajaría al PSOE en escaños y, con la suma de Vox, Pablo Casado podría formar Gobierno, pero las próximas legislativas no serán antes de dos años y Sánchez confía en el olvido; en que la indignación que han provocado los indultos sea un recuerdo perdido en el torbellino formado por otros acontecimientos.

El desplante de los separatistas

La sabiduría popular tiene por cierto que no ofende quien quiere sino quien puede, y desde luego estos pellizcos de monja que a la postre son los desplantes que le hacen al Rey lo único que consiguen es que a ojos de la mayoría de los españoles crezca el respeto y la admiración hacia Felipe VI, una persona que siempre ha sabido estar en su sitio, virtud que descoloca a quienes faltan al debido respeto institucional.Ni que decir tiene que la actuación de Aragonès responde al guion que los dirigentes separatistas vienen representado desde que hace cuatro años cuando declararon “persona non grata” al Rey tras aquélla alocución televisiva en la que el Jefe del Estado les exigió la debida lealtad al mandato constitucional que habían violentado proclamando la “República catalana” como culminación del intento de proceso sedicioso.Asistiremos a más desplantes de los separatistas porque están crecidos tras los indultos concedidos por un Pedro Sánchez que no oculta su dependencia de quienes le humillan al hablar con desdén de las medidas de gracia y a quien debería preocupar que vuelven a desafiar al Estado reclamando amnistía y un referéndum de autodeterminación, supuestos que no caben en la Constitución.

El problema no es Ayuso

El problema son los indultos y la hipócrita retórica desplegada por los ministros del Gobierno para justificar una medida de gracia a los condenados por sedición y malversación defendiendo hoy lo contrario de lo que hasta hace poco sostenía Pedro Sánchez.

El ridículo y el desdén

No es de recibo el desdén con el que el Presidente de los EEUU trató a Pedro Sánchez a lo largo de los escasos cuarenta o cincuenta segundos caminando por un pasillo en la sede la OTAN en Bruselas, mientras el Presidente del Gobierno español intentaba tener una conversación con el mandatario americano.Es probable que Joe Biden, que es un experto en política internacional tuviera en mente la composición política de nuestro Gobierno -ministros comunistas y de Podemos partidarios irreductibles del régimen de Maduro en Venezuela, país sancionado por EEUU por su desprecio a los Derechos Humanos-, pero, aunque así fuera, el respeto a lo que representa España, hace incomprensible semejante actitud.Cosa bien distinta es el papelón desempeñado por Pedro Sánchez en este episodio.

La firma del Rey

No debemos olvidar que en aquellas jornadas de alta tensión vividas en las calles de las principales ciudades de Cataluña y de tibieza conceptual en el Gobierno presidido entonces por Mariano Rajoy, la intervención televisiva de Felipe VI el 3 de octubre de 2017 fue decisiva para despejar cualquier asomo de duda respecto del obligado cumplimiento de las leyes al que todos estamos sometidos.Aquél día -tras la breve alocución del Rey- los políticos sediciosos, sus seguidores y sus turiferarios mediáticos comprendieron que habían ido demasiado lejos por una ruta que rebasaba el marco constitucional.

Sánchez compra tiempo

Reconoce, eso sí, una obviedad: que en el intento de golpe del que fueron capítulo señalados la celebración de una consulta ilegal y el sainete parlamentario que desembocó en la proclamación de la República catalana, les falto contar con una masa social de mayor cuantía.Y a eso es a lo que anuncia que va a dedicarse Esquerra Republicana, a ganar más apoyo para la causa independentista.

Sánchez compra tiempo

Reconoce, eso sí, una obviedad: que en el intento de golpe del que fueron capítulo señalados la celebración de una consulta ilegal y el sainete parlamentario que desembocó en la proclamación de la República catalana, les falto contar con una masa social de mayor cuantía.Y a eso es a lo que anuncia que va a dedicarse Esquerra Republicana, a ganar más apoyo para la causa independentista.

Vencer el miedo escénico

Me refiero a la oposición –Partido Popular, Ciudadanos y Vox– partidos que tienen anunciada su participación el próximo domingo día 13, en Madrid en una manifestación de repudio a la concesión de los indultos .Esta manifestación, encabezada por el filósofo Fernando Savater,en función del grado de respuesta que obtenga, si es multitudinaria, podría ser el único argumento que podría hacer reflexionar a Pedro Sánchez acerca de la deriva en la que ha embarcado al Gobierno de España.

Otros pagan los platos rotos

Todos vimos que lo que allí se sustanció fue un pulso político entre la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso, y el propio Pedro Sánchez, quien una vez conocida la magnitud del desastre le faltó tiempo para desviar la atención forzando la dimisión de Ángel Gabilondo y la del secretario de los socialistas madrileños.Para que la estrategia de ocultación de responsabilidades funcione debe haber un testaferro que sea blanco de las críticas por los desaciertos en la gestión.

El fantasma de la foto de Colón

Vivimos tiempos de “telecracia” en los que la política se hace más en los platós que en el Parlamento y en ése terreno -el de los medios- el sanchísmo cuenta con abundantes colaboradores.Turiferarios disfrazados de politólogos que intentan silenciar el porqué de la convocatoria de una manifestación en Madrid el próximo día 13 de Junio hablando del gran error que, según ellos, han cometido tanto el PP como Ciudadanos al anunciar que sus respectivos líderes Pablo Casado e Inés Arrimadas asistirán a la manifestación.Les ha faltado tiempo para sacar a paseo el fantasma de la famosa “foto de Colón”, de cuando hace tres años estos partidos, junto a Vox, se manifestaron en el mismo lugar para protestar porque Pedro Sánchez había aceptado reunirse en una “mesa” de negociación y de igual a igual con el entonces presidente de la Generalidad de Cataluña aceptando -como le exigían los independentistas- la presencia de un “relator” internacional.