La pandemia convierte el botellón en un fenómeno para menores

Agentes del 092 en la playa del Orzán, que es uno de los lugares recurrentes donde los jóvenes tratan de celebrar botellón
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Como cada fin de semana, la Policía Local intervino el viernes por la noche para disolver los pequeños grupos de jóvenes dispuestos a celebrar el botellón. Desde hace más de un año, los fines de semana se han convertido en un juego del gato y el ratón en el que los jóvenes buscan un lugar tranquilo donde descorchar algunas botellas y beber con los amigos y los agentes municipales tratan de localizarlos antes de que la cosa vaya a más. En la noche del viernes fue en Palavea y en Monte das Moas a donde llegaron las patrullas del 092, Allí se encontraron a pequeños grupos de amigos de corta edad, litrona en mano, muchos menores, lo que confirma que la pandemia ha cambiado la forma del botelló n.

En primer lugar, los agentes perciben un incremento en el número de menores que participan en estas fiestas. Tradicionalmente, el botellón se ha considerado un fenómeno universitario, asociado siempre a su calendario y mucho más concurrido después de los exámenes y en otros momentos marcados por el calendario universitario. Esa es la imagen que se tiene del botellón de Méndez Núñez, por ejemplo. Ese era uno de los principales problemas para atajarlo: no estaba prohibido que adultos bebieran en la calle.

Sin embargo, la pandemia y sus restricciones han provocado un cambio de hábito: los universitarios celebran ahora fiestas en sus pisos. Son los menores, que siguen viviendo con sus padres, los que se echan a la calle para vivir la fiesta. Eso tiene otra consecuencia: que los botellones se celebran cada vez más pronto.

“Tienen que volver a casa temprano, porque tienen toque de queda”, comentan fuentes municipales. Esto también implica que más gente los ve bebiendo, testigos que acaban llamado al 092, como en el Monte das Moas, donde se habían instalando junto al recinto del Instituto.


Interrumpidos


Otro de los rasgos que tiene el botellón coruñés es la fugacidad: la mayor parte se interrumpe al poco de empezar. La alcaldesa, Inés Rey, ha insistido a menudo que si en A Coruña no se han producido escenas de botellones multitudinarios como en Santiago ha sido porque se prohibieron (en Méndez Núñez, que se designó Zona de Especial Protección) antes de la pandemia.

También ha dejado de celebrarse en un lugar fijo para desplazarse continuamente, pero los agentes municipales tienen catalogados algunos lugares donde suelen acudir los jóvenes con sus bolsas de plástico, y las visitan cada fin de semana: el parque de Santa Margarita, la playa del Orzán, la plaza de Lugo, la plaza de Palava y ahora, también, Monte das Moas. 

La pandemia convierte el botellón en un fenómeno para menores