Un ataque de nostalgia galopante se adueña de la ciudad

Los niños pudieron subir a la atracción de forma gratuita | javier alborés
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Si Méndez Núñez tuviese megafonía, ayer podrían haber sonado de fondo Los Secretos con su “Volver a ser un niño”. Cientos de personas acudieron al reclamo de la familia de Luis Mediero, el impulsor de los caballitos del Ensanche, que después de haber restaurado uno de ellos lo puso a disposición de los coruñeses para “regalar un recuerdo” a las nuevas generaciones.


“Desde gente en edad de jubilación hasta personas de 20 años tienen el recuerdo de montar y disfrutar con los caballitos y queremos que muchos niños más puedan tener esa vivencia”, decía Luis Mediero hijo hace unos días. Los caballitos fueron ideados y construidos en fibra de carbono y metal en 1969 y su padre los explotó durante casi 40 años, convirtiéndose en un símbolo de A Coruña del que prácticamente todo el mundo tiene una foto.


La familia explica que las galopadas de los animales por Méndez Núñez suman una distancia equivalente a la que hay entre la Tierra y la Luna, ya que fueron utilizados por miles de niños semana tras semana, hasta alcanzar casi un millón de viajes.







Proponen a ONG o asociaciones que rehabiliten los caballos y los exploten con fines sociales y benéficos. “Están en un garaje de Melide completamente abandonados y pueden tener un futuro si alguien los mejora y los cuida”, explica Mediero hijo, que promueve esta idea junto a su sobrino, Pablo Senra, artífice de la restauración del caballo exhibido ayer.


La cola era interminable, dicen los promotores, que añaden que recibieron “todo el apoyo” del Ayuntamiento con la visita de las concejalas Diana Cabanas y Esther Fontán. “Desde las 16.30 horas había gente esperando para subir y a mitad de la tarde se rompió un eje y ya no se pudieron hacer más viajes, pero la gente esperó igual para hacerse la foto”. Un verdadero ataque de nostalgia galopante.

Un ataque de nostalgia galopante se adueña de la ciudad