ITV

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No es un síndrome, es una impostura automovilística, la de poner en duda el buen estado de los automóviles, pese a su palabra y la de su mecánico de cabecera. Un desconfiar y juzgar sin pruebas ni indicios. Al mío le tocó anteayer, en una de esas privatizadas. Voy a esas por el trasfondo solidario que soportan: tanto el concesor como el concedido, se suelen ver, por mor del acto administrativo, libres de esta afrenta propia de coches viejos y sospechosos.

Tenía cita, al parecer, en la cola, y en ella esperé. Para, arranca, para…, el tiempo pierde vigor y todo se confunde y funde en temor. El coche comienza a percibir que algo va mal y uno a temblar.

En el interior, un joven, te pide, a voz en grito, la ficha técnica, con ella en la mano comienza la práctica. Ponga el intermitente, el otro, los cuatro, pise el freno, despacio aprisa, a fondo, acelere, decelere, ahora hasta cuatro mil, mueva la dirección… A su vez, una cadena de ruidos y movimientos que amenazan con romper el coche, mientras, el joven mueve la cabeza pesaroso y apunta misterioso lo que le dictan las máquinas. Temeroso, sales en su defensa, son diez años y 400.000. Y responde él, es por el bien de todos. Y piensas, menos del coche, porque en toda la década, de más, ni un bache, ni una revolución…

Al final, te dan una pegatina a pegar en el margen superior derecho del parabrisas, y a un fin que no es la inocencia del turismo, sino su falta de culpabilidad. .

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