Cuando lo bueno es malo

|

Así como la oposición de los Abascal, Casado y Arrimadas ha normalizado el insulto en el discurso político hasta implantarlo en sustitución de éste, el insultado principal, Sánchez, lo que parece haber normalizado es el vacile a la ciudadanía: terciar en el debate sobre la desmesurada ingesta de carne en España aportando la profunda reflexión de que un buen chuletón al punto es una cosa “imbatible”, o anunciar la remodelación de su gobierno sin admitir preguntas, así lo confirman sin prácticamente ningún género de duda.

Se supone que un gobierno que mire por la salud de aquellos a los que sirve debe fomentar, mediante campañas divulgativas y propuestas serias, los hábitos más sanos posibles de alimentación, y digo “posibles” porque en ésta, como en casi todo en la vida, lo bueno resulta ser malo. El café es maravilloso y es lo primero que le quita a uno el médico; la sal es la releche y lo mismo; el azúcar, por el que siente adoración el cerebro, se percibe clínicamente como invento de Satanás, y así podíamos seguir con las chuletillas de cordero, con la excelsa casquería, con el vino o con la fritura malagueña. Todo lo bueno es malo, pero sabiendo que tan funesta conversión se produce cuando se consume sin tasa, sin moderación, es absurdo tildar de todo lo que se ha tildado al ministro Garzón por defender, el hombre, esa moderación y esa tasa que permite disfrutar sin acabar gotoso.

Pero la rusticidad cuñadesca de designar, en el referido contexto, un pedazo de carne menos que someramente cocinada como un manjar “imbatible” no es nada, en lo tocante al vacile, al lado de la presentación que hizo el presidente de su nuevo gobierno, esa presentación sin preguntas que, como es natural, no ofreció respuestas. Sánchez arrancó su soliloquio a los españoles con lo que debió antojársele la idea-fuerza “imbatible” para vender las bondades de su remodelación: más juventud y más mujeres en el nuevo ejecutivo. Muy bien, ambas cosas son fantásticas, pero ¿qué tiene que ver ser joven u otoñal, mujer u hombre, con la capacitación y la pericia para un cargo ministerial? ¿No podía haber desglosado un poco los méritos de los nuevos y el por qué de las defenestraciones? Claro, como nadie le preguntó...

Todo lo bueno es malo, así en la alimentación como en la política. Lo mismo este gobierno con tantas mujeres jóvenes y municipalistas es estupendo, bien que bajo el control de una Nadia Calvino no tan joven ni tan municipalista, pero ya tiene su envés, esa manera tan opaca, tan antigua, tan porque sí, de presentárnoslo.

Cuando lo bueno es malo