Rafael Torres

El encuentro

Y, si no, que se le pregunten a Biden, que todavía andará tratando de ordenar en su mente la heteróclita porción de cosas que en menos de un minuto le contó Pedro Sánchez cuando le cogió por banda en la reunión de la OTAN. Uno, que participó durante varias temporadas en el programa de televisión “59 segundos”, y que antes lo había hecho en la sección “Su minuto” del que conducía por las mañanas la entrañable Carolina Ferre, sabe que en ese breve espacio de tiempo se pueden decir muchas cosas, sobre todo si no te dejan, si no puedes, explayarte más rato.

Ayuso y el Rey

Pese a que la tenía a su lado, a resguardo de la foto indeseable, confinada en las aguas jurisdiccionales de la sede de Génova, está visto que Casado no puede hacer carrera ninguna de ella.La invitación de Ayuso al monarca para que incumpla sus deberes y se cisque en la Constitución que los establece, sintonizaba a la perfección con la performance que una Rosa Díez desatada, tan desatada como ignorada electoralmente, democráticamente, por los españoles, había montado en la plaza de Colón para mayor gloria de la ultraderecha capitalina y sonrojo del decoro político e intelectual.Es cierto que el tal Trapiello y el chico ese que salió arengando a las juventudes patrias para emprender no sé qué revolución pendiente, ayudaron a Díez en el empeño de convertir su acto en un añejo aquelarre nacionalista donde se repartían cédulas de buenos y malos españoles como en las movidas del “procés” se repartían las de buenos y malos catalanes, pero le faltó Ayuso en el estrado para que aquello fuera ya la repanocha.Es una pena que con la que está cayendo, la entronización de la heredera designada por Iglesias en Podemos, el duelo del PSOE andaluz ganado por Espadas, la inconsciencia colectiva e institucional al dar por vencida la pandemia otra vez antes de tiempo, el horror de las muchas mujeres asesinadas no bien decayó el estado de alarma, o la burda utilización que el feminismo más loco y androfóbico está haciendo del doble filicidio perpetrado por un canalla (“Justicia feminista”, reclama Irene Montero, anteponiendo groseramente el móvil del parricidio al irreversible daño a las víctimas, dos menores), es una pena que con todo lo que está pasando, digo, tenga uno, ni nadie, que ocuparse de la última de una Rosa Díez ya en los aledaños de Vox, si es que no es su centro.Cuando Isabel Díaz Ayuso vino a emplazar al rey a negarse a rubricar el decreto de los indultos que el Gobierno de España le pase a la firma, Casado procuró poner cara de Casado tras la mascarilla, pero le salió la de Errejón cuando lo de la cal viva.

La foto-trampa

La idea de dejar sola a Ayuso en Colón, en plan “la libertad guiando al pueblo” de derechas, entre el griterio enardecido de sus fans, el flamear de las banderas rojigualdas y las imprecaciones corales a Pedro Sánchez, debe producir escalofríos a un Casado que no las tiene todas, ni a todos, consigo.

Todo, menos el 15%

Teniendo en cuenta que lo que se necesita destinar a colegios, hospitales, pensiones u obras públicas se lo venían apalancando casi en su integridad las tecnológicas esas, cuyos dueños se han hecho mediante esa brutal exacción los tipos más ricos del mundo, algo se ha avanzado, ciertamente, con ese bocadito del 15%.Todo es de las tecnológicas (y de las farmacéuticas con esto de la pandemia), pero en adelante será todo menos el 15%.