Rafael Torres

En busca del imperio perdido

Al rebufo de lo que le pasa a Putin, emperador sin un mal imperio que llevarse a la boca, pasan, desde luego, muchas más cosas, todas cuantas suscita la agresiva compulsión del personaje en los países próximos, aterrados con la posibilidad de volver al Pacto de Varsovia, y en los no tan próximos, pero no por ellos menos concernidos por la amenaza.A quienes promueven guerras, les importa una mierda, lógicamente, la vida de sus semejantes, y la mención a esas vidas, como a las 14.000 que ya se han perdido en los zarpazos de Putin a Ucrania en el Donbass, se echa de menos en las infografías, en los mapas y en los análisis de la situación.

Viendo pasar la galerna

Todo esto lo veía Manolín Bueno, y lo estuvo viendo durante doce años, desde el banquillo, pues, encima, el mejor extremo izquierdo del mundo, el ganador de seis Copas de Europa, no se lesionaba nunca.Todos han sentido la muerte de Gento, pero quien más, aquél que supo quererle sobreponiéndose a la faena que, sin querer, le hacía, Manolín Bueno.

La banca vaciada

Más de la mitad de las oficinas bancarias (donde las entidades oficiaban sus liturgias) han cerrado, decenas de miles de empleados han sido despedidos, y los consejos de administración sólo ven eso, ya digo, el aumento de los beneficios, y no las consecuencias que traerá, así en el orden del perjuicio social como en el de los propios beneficios futuros, pues si a alguien se le ocurre montar hoy un banco físico, a la antigua, con sus oficinas, sus empleados y sus sartenes, se forrará seguro con esos más de 10 millones de clientes potenciales, hoy despreciados y desamparados.Los mayores ni entienden Internet ni quieren, ni en la mayoría de los casos pueden, relacionarse de esa manera penosa y absurda con el banco, que siempre estuvo representado por un ser humano como ellos.

La incierta levedad de la variante

Se diría que ha calado tanto la ilusoria especie de que la variante Ómicron provoca, como mucho, un catarrillo, y de que, encima, anuncia el fin de la pandemia, que ya no merece la pena atormentar a la gente con los números reales de contagios, que doblan o triplican los que oficialmente vamos conociendo.Es más; llevadas de ese optimismo tramposo y forzado, algunas consejerías de Salud deslizan últimamente la idea de que la incidencia va bajando, poco pero bajando, cuando la realidad, tan tozuda y aguafiestas, expresa a su manera descarnada lo contrario: no sólo se incrementan brutalmente los contagios, sino las hospitalizaciones y los ingresos en UCI. Media España y media Europa están contagiadas, y las bajas entre el personal sanitario, el policial, el de las tripulaciones aéreas y el de trabajadores de todas clases se va compaginando con esa proporción.

El pasaporte covid

Ese pasaporte, certificado o pase Covid que se necesita ya para entrar en cualquier sitio, es un salvoconducto discriminatorio, y de ahí la justificada controversia legal y social que está generando.Dejando a un lado la utilización que de ese hecho hacen los negacionistas, los antivacunas y la ultraderecha, pues se discriminan ellos solos porque les de la gana, el Pase Covid atenta gravemente contra el derecho de aquellos que, queriendo haberse vacunado, no han podido hacerlo por prescripción médica a causa de sus afecciones de salud, y también contra el de quienes, gente joven en la mayoría de los casos, padecieron un efecto secundario lesivo (miocarditis) con la primera dosis, lo que hizo rigurosamente desaconsejable la administración de la segunda.

El miedo no es libre

Pero no sólo al virus, sino a la propia posibilidad, bien que remota, de que a uno le toque: el 75% de los que fueron en su día agraciados con el Gordo, se arruinaron en un visto y no visto, y fueron desgraciados.Decía el pobre Muñoz Seca a sus patibularios carceleros que podían quitarle todo, menos el miedo que le daban.

Bofetadas a los niños

No haría falta estar apuntado al club jurídico-filosófico de Salomón para considerar como lo más equitativo que la enseñanza en Cataluña se diera al 50 por ciento en cada una de las lenguas que en ella se usan, máxime cuando la inmensa mayoría de sus habitantes goza del privilegio de conocer las dos y de poder, gracias a ese equilibrado bilingüismo, utilizar una u otra según sus necesidades o su libre albedrío.Pero el talibán ultranacionalista ni siquiera acepta la calderilla del 25% de clases en castellano para el niño de Canet, ni para ningún otro niño.

Vacunación obligatoria

Semejante obviedad, sin embargo, es percibida sólo por el 15% de los españoles, o, cuando menos, por el 15% de los españoles consultados en las diferentes encuestas que se están haciendo sobre el particular, en tanto que una abrumadora mayoría debe suponer que la obligación legal (y moral, y social) de no atentar contra la salud y la vida de los demás al insignificante coste de un pinchazo, sería una imposición monstruosa, tiránica y anticonstitucional.A los españoles, que se han vacunado en masa, no les convence que se pueda vacunar un poquito más mediante la coerción, obligada por la pandemia que ya ha dejado más de seis millones de muertos en el mundo, a los refractarios a participar en el único plan eficaz que la humanidad tiene contra el maldito Covid-19.

El alfabeto griego

El conocimiento de ambas parecía algo del pasado, pues la relación salmodiada de los Sisebutos y los Chindasvintos hace mucho que se sustituyó por fichas en la escuela, y el griego antiguo se fue desvaneciendo hasta casi extinguirse en los planes de enseñanza, pero resulta que una de esas dos cosas, ésta última, ha recobrado súbitamente vigencia y ya vamos por la letra Ómicron en el recitado dramático de la pandemia.Pero el alfabeto griego ya no sirve, como antes, para ejercitar la inteligencia, sino para enumerar las cepas mutantes del Covid-19 que van surgiendo, lo cual, dentro del horror, también podría servir para afinar la mente si no mediara el egoísmo brutal y suicida de los países ricos que se han apalancado las vacunas para ellos solos.

Aquelarre maravilloso

Se comprende que para la vicepresidenta segunda del Gobierno, que vive un momento dulce, el acto que protagonizó en Valencia con Mónica Oltra, Ada Colau, Mónica García y Fátima Hamed, tuviera toda la pinta de ser maravilloso y de anunciar cosas más maravillosas todavía, pues anda urdiendo una red de complicidades para su nuevo proyecto político de izquierda, pero lo de Pablo Casado es más difícil de comprender: debería estar encantado con que al PSOE, su archienemigo, le vaya a salir un grano en salva sea la parte si prospera lo de Yolanda Díaz, pero no lo está.Este hombre que tanto tiende a sulfurarse y a hiperventilar por cualquier cosa, Pablo Casado, sorprendió el otro día, en el Congreso del Partido Popular de Castilla-La Mancha, alertando al PSOE de la inminente erupción de dicho grano y aconsejándole, por su bien, cuidados y prevención, toda vez que el absceso pudiera derivar, según él, en un “sorpasso” de padre y muy señor mío.

Elorza o la dignidad

Ha sido el diputado Odón Elorza el que, únicamente por ceñirse a esa exigencia de dignidad y por hacer bien el trabajo por el que la Nación le paga, ha desvelado al gran público el infame pasteleo entre el PP y el PSOE para la mencionada elección, que deja en puro teatrillo, en trámite vacío, en pura farsa, la labor y la propia existencia de la Comisión Constitucional del Congreso, el órgano que vela por la idoneidad de los magistrados concurrentes para el cargo al que se postulan, el Alto Tribunal en este caso.

Falta de todo

Si esto del suministro eléctrico funcionara como antes, sería cosa de que alguien se subiera a una silla para arreglar los plomos, pero ya no hay plomos y el apagón general obedecería a causas intrincadas y misteriosas, si bien tampoco se puede descartar que no haya misterio ninguno y que lo de quedarnos a oscuras de pronto no sea sino un aviso más de que ésto, esta suicida manera de vivir destrozando la casa que habitamos, el planeta, se va al carajo.

El caso del diputado despojado del acta

Se pueden discutir muchas cosas en relación a la condena y a la retirada del acta de diputado de Alberto Rodríguez, desde la propia sentencia hasta el embrollo jurídico y competencial que su accidentada aplicación ha generado, pero lo que no se puede discutir es que los siete años que la administración de justicia ha tardado en juzgar los hechos objeto de litigio es un plazo de tiempo rigurosamente inaceptable.A Alberto Rodríguez se le juzgó hace unos días por propinar supuestamente una patada en la rodilla a un guardia en el curso de los forcejeos habidos en 2014 en una manifestación contra la infausta “Ley Wert” de Educación.

Lo que dice la calle

Ahora bien; si se refiere concretamente al madrileño Paseo de la Castellana de los 12 de octubre, donde se ha instituido la macarra costumbre de injuriar con voces destempladas al presidente del Gobierno de la Nación, ora llamándole okupa, ora cabrito huérfano, mientras se ofrenda la corona de laurel a los españoles que perdieron la vida en acto de servicio, o mientras el paracaidista se juega el pellejo descendiendo desde 1.500 metros de altura con ese pedazo de bandera enganchada a un pie, entonces el señor Casado confunde lo que se dice en la calle del señor Sánchez con lo que se dice en esa en particular, donde, como queda dicho, sectores muy concretos y muy rústicos acuden a discrepar de muy malos modos con lo que han dicho las urnas.En la calle se dice de todo, y en las tabernas, y en los grupos de whatsapp, pero en el Congreso de los Diputados y en los espacios de la política en general, deberían decirse no sé si otras cosas, pero sí con mayor decoro.

¿Y ahora qué?

El volcán de La Palma, que, por cierto, aún no tiene nombre, escupía piedras candentes y nubes de gas, sus cenizas enlutaban la isla entera, devoraba una tras otra, hasta 600 o 700, las casas y las fincas, arrasaba los cultivos, despojaba a cientos de familias de su lugar en el mundo, incendiaba arboledas, engullía los caminos y enterraba bajo su colada los colegios, las iglesias y los ambulatorios, pero se cifraba en el albur de que la lava llegara al mar una suerte de rara esperanza.

El viajero infeliz

Hay quienes sostienen que el prófugo de la justicia Puigdemont se vino arriba al ver que podía pasearse por Europa como Pedro por su casa, y que, por ello, tomó un avión a Cerdeña convencido de que le sería franco el tránsito, pero también hay quienes aventuran la idea de que el que detentó la presidencia de la Comunidad de Cataluña sin sujeción alguna a la naturaleza y deberes del cargo, no pudiendo soportar la irrelevancia personal y política a la que le han conducido sus malos pasos, decidió dejarse prender durante un rato con el propósito de llamar la atención y de volver a hacer lo que mejor se le da, fastidiar al prójimo, en éste caso, concretamente, 47 millones de prójimos, si bien, en particular, a cuantos de esos 47 millones creen que las personas se entienden, o lo intentan, hablando, y no estimulando el cainismo.La política española no es hoy la que dejó Puigdemont al fugarse, dejando colgados a sus pares y a sus seguidores, sino otra en la que no caben comediantes de su estilo, o como el de Pablo Iglesias, que, cuando menos, supo calibrar cuál era el momento de esfumarse.

Nucleares y fruterías

Los primeros, los que tienen que ver con la rebaja o supresión de los impuestos estatales que gravan el recibo, les parecen de perlas, sin que el hecho de que ello suponga un fuerte menoscabo de los recursos públicos aminore su entusiasmo, pero los otros detalles, los relativos a una pequeña merma en sus astronómicos beneficios a fin de contribuir solidariamente a la bajada del precio de la luz, esos les han llevado a la desesperación.Así están las cosas, en ese desigual forcejeo entre el interés general y los intereses corporativos, en tanto el precio de la luz sigue disparándose y, con él, la inflación, esa cosa que consiste en que los precios de todo se inflan mientras los salarios, flacos de suyo, se van desinflando.

Una española, presidenta de Francia

Fraternidad, el ambiente de tolerancia, integración y solidaridad que por nada del mundo quiere que se siga perdiendo.A restaurar lo que de verdad hizo grande a Francia, la democracia y la riqueza que ésta vierte sobre quienes la disfrutan y la cuidan, riqueza en Educación, en Cultura, en Innovación, en Arte, en Ciencia, en derechos sociales, en trato justo y generoso del Estado a las personas, a restaurar esa democracia que la adoptó y le permitió ser quien es, llama Ana Hidalgo a los franceses, muchos de los cuales se están dejando arrastrar por la deriva de violencia, xenofobia, intolerancia y racismo que amenaza con despojarles de su característico perfume esencial y a dejarles oliendo a “parfum de Vichy”.Esta española y francesa, de San Fernando y de París, esta mujer, en suma, del mundo, a la que los periódicos franceses llamaban, cuando empezó a despuntar, “la bella andaluza”, sabe bien qué es bueno para Francia porque lo fué para ella, para sus padres y para cuantos perseguidos y fugitivos del hambre, del maltrato y de la tiranía encontraron en ella asilo y un sitio donde vivir con dignidad: Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Paula y el embajador

Paula, por su parte, cumplía en Afganistán su primera misión de fuste, y pese a su juventud, o gracias a ella, no era la primera vez que se la jugaba: en un país infectado de agentes talibanes y extremadamente machista con y sin talibán, se mostraba en público y en los actos oficiales tal cual era, sin velo ni corto ni largo, ni negro ni estampado, que la velara.

Kabul, en capilla

Pese a que la barbarie franquista, como la talibán, acreditada por tantos crímenes y tanta represión, precedía a su victoria militar, muchos quisieron creer, hartos de guerra y sufrimiento, el mensaje clemente, y lo pagaron con la vida, con el trabajo esclavo o con años de prisión.Por un tácito e infame acuerdo con las grandes potencias, los talibanes han recuperado el poder una vez que tras veinte años de corrupción y pillaje de los gobiernos y los contratistas amparados por Estados Unidos, que no de democracia, no quedaba en la arcas del eternamente fallido estado ni para un poco de munición con que defender su capital, siquiera para cubrir la huída de cuantos, sin tener las manos manchadas de sangre, para los talibanes es como si las tuvieran: maestros, periodistas, intelectuales, mujeres, niñas...

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