La ciudad de las vacunas

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He vuelto a la Ciudad de la Cultura después de un largo tiempo sin visitar sus instalaciones que han cambiado de forma espectacular. Y lo hice por un motivo personal al formar parte de los miles de personas que suben a estas dependencias para recibir una de las vacunas que existen en el mercado para combatir la covid-19. Mi turno coincidió en domingo por pertenecer a la gran cosecha del año 47. Todo fue de lo más normal. Todo fue perfecto, enmarcado en un complejo entramado de organización que debo calificar como excelente.


Desde este domingo mis allegados me llaman el “moderno”, debido a que el sanitario encargado de cumplir su misión me inoculó el líquido procedente de la vacuna de Moderna en primera dosis, que tendrá que volver a repetir en 28 días si es que las autoridades sanitarias mantienen en vigencia los actuales calendarios.


Mientras que el sanitario preparaba el contenido de la jeringa mantuve con él un breve diálogo. Me confesó que lo estaban dando todo en detrimento de su vida familiar y con escasos descansos en los fines de semana que es cuando se congrega el mayor número de personas para vacunar. Y al final de nuestra conversación me pide que, en mi condición de periodista, por favor destaque la labor que realizan los sanitarios a todos los niveles. Concluyó con una frase demoledora que me ha hecho pensar mucho desde ese día: “Todo esto para que al final nos despidan cuando terminemos nuestro trabajo…”. Se refería a que la gran mayoría de los que están trabajando, mujeres y hombres, no tienen plazas fijas ni puestos de trabajo consolidados en el sistema sanitario.


La Ciudad de la Cultura me ha parecido espectacular con las nuevas incorporaciones de edificios y espacios públicos. Unas instalaciones que ahora se han convertido en la gran Casa de las Vacunas. El domingo volví a recordar aquel viejo refrán: “No hay mal que por bien no venga”. Lo digo porque gracias a la vacunación muchos miles de gallegos han conocido estas instalaciones, que son modélicas, situadas en la cima del monte Gaias.

La ciudad de las vacunas