Salvados

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Si no fuera por los fascistas, no necesitaríamos a los antifascistas y viceversa. Si no fuera por la derecha, no necesitaríamos a la izquierda, y a la inversa.


Si no fuera por los nacionalistas, no necesitaríamos a los nacionales, y al contrario y en contra, si no fuera por el capitalismo no necesitaríamos el comunismo. En definitiva, si no fuese por unos, los otros no tendrían sentido; en ese sinsentido vivimos obligados a defenderlos y verlos medrar en sus filas y fobias a cuenta del erario y, lo que es más grave, la paz social.


Para que ellos sean necesarios nosotros sacrificamos la buena y sana disposición de la convivencia y aquellos elementales servicios que han de hacer de la nuestra, una sociedad capaz de resolver y dar satisfacción a sus necesidades.


Claro que si no obramos así nos veremos privados de toda esta prole de salvapatrias y parias, y así no podríamos vivir, no sabríamos a quién odiar ni a quién adorar, tendríamos que amarnos y cabe que comenzásemos a gastar los impuestos en elementales necesidades y perentorias carencias, condenándonos a la distopía de una sociedad perfecta y cabal en la que el hombre consciente de su humana condición esté con el hombre y no contra el hombre y ambos por y para la humanidad. Una pesadilla que nos privaría de ser esas malas bestias que pueblan la faz de nuestro utópico mundo de posibles imposibles, esos que nos permiten hacerles en su nombre la vida imposible a los demás.

Salvados