
La Ciudad Vieja abandonó ayer el Medievo para encarar su propio Renacimiento, un proceso que se repite año tras año por estas fechas y que es uno de los grandes objetivos de la organización de la Feira das Marabillas. Y es que durante los últimos cinco días un reguero de personas visitaron, interactuaron, conocieron, sintieron y olieron el casco antiguo de la ciudad.
Da igual que fuese cuestión de tomar unas sidras, comer un kebab u oler incienso. La cuestión es que la Ciudad Vieja fue el plan preferido para numerosos coruñeses y visitantes. Aunque todavía no existen cifras oficiales todo apunta a que los números serán más que positivos. “Se han cumplido las expectativas y el objetivo de dinamizar el espacio como ámbito lúdico, turístico y comercial”, explica Adolfo López, presidente de los comerciantes y responsable de la organización del evento. “Para muchos, la Feira das Marabillas marca el inicio de las fiestas de A Coruña”, añade.
Mientras los comerciantes llegados de otras partes de España recogen todavía los puestos Aceca ya está pensando en la que será una próxima edición muy significativa. Y es que el evento llegará a su trigésima celebración. “Vamos a por la 30”, advierte López, que durante los últimos días quiso tomarle el pulso a la feria y preguntó a varios puestos por sus impresiones. “Todos nos dijeron que estaban vendiendo bien, que había tanta gente como otros años y que estaban vendiendo”, recalca.
Lo ecléctico de la oferta cultural y de ocio en A Coruña provocó que durante el fin de semana coincidieran varias actividades de afluencia masiva: la Feira das Marabillas, el Morriña Fest y algunas de las principales verbenas del área metropolitana, como es el caso de la Panorama en Arteixo o la París de Noia en O Burgo. “Somos públicos complementarios y mucha gente opta hasta por ir a dos cosas durante el mismo día”, sentencia el presidente de los comerciantes de la Ciudad Vieja.












