Miércoles de Ceniza

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El mundo cristiano celebra hoy el llamado Miércoles de Ceniza. Es la puerta litúrgica que introduce en la Cuaresma, un camino de cuarenta días de preparación para la Pascua. De hecho, los textos establecidos para la jornada trazan de forma sumaria toda la filosofía del tiempo cuaresmal, donde el llamamiento a la conversión aflora como tema dominante de la liturgia.


Ya en la primera lectura del día un profeta de notable importancia en el Antiguo y en el Nuevo Testamento cual fue Joel, exhorta a ello: “Convertíos al Señor de todo corazón con ayuno, con llanto y con lamento”. “Convertíos y creed en el evangelio”, según reza una de las fórmulas del rito de imposición de la ceniza.

Y ya con el Miserere, el salmo penitencial por excelencia que la Iglesia propone con frecuencia en este tiempo, los fieles hacen suyas las invocaciones del autor sagrado pidiendo al Señor que cree en nosotros “un corazón” puro y que nos renueve por dentro (“in visceribus meis”) con un espíritu firme.


Conversión del corazón; conversión interior. “Rasgad vuestros corazones y no vuestros vestidos”, reclama. Porque, en efecto ¿de qué vale –se pregunta- rasgarse las vestiduras, tal como la costumbre tenía establecido para momentos tristes y adversos, si el corazón sigue lejos del Señor; es decir, del bien y de la justicia?


Entre otros textos de la Escritura, en esta misma idea había abundado otro profeta de relevancia como Isaías: “¿Qué me importa la multitud de vuestros sacrificios. Apartad de mi vista vuestras malas acciones. Dejad de hacer el mal; aprended a hacer el bien”.


En definitiva, lo que los autores sagrados sugieren y lo que la liturgia propone al creyente para este tiempo cuaresmal es redirigir los pasos hacia el Señor; una auténtica “metanoia”; todo un revulsivo sincero y profundo; un vuelco interior total.


Ayuno, limosna y oración, tal como las presenta el evangelio del día y el papa Francisco comenta en su mensaje de la Cuaresma 2021, habrán de ser las condiciones y la expresión de la conversión requerida. Se trata de tres prácticas penitenciales, a las que la tradición bíblica cristiana ha conferido un gran valor para disponer a celebrar mejor la Pascua.


Según los maestros de entonces, a los mandamientos de la Ley había que añadirles tales ejercicios como actos fundamentales de piedad individual. Pero frente al simple cumplimiento externo, Jesús estigmatiza la actitud en tal sentido de los fariseos y lleva dichas prácticas a su plenitud poniendo el acento en la sencillez y veracidad con que deben cumplimentarse.


A juicio del Pontífice, la vía de la pobreza y la privación (el ayuno); la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna), y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante. 

Miércoles de Ceniza