Proyecto “Illa”

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El proyecto socialista para Cataluña es de mayor cuantía. Lo que intenta es nada menos que poner fin a la desdichada década del “proces”, cuyo balance en términos económicos y sociales ha sido ruinoso. Más que “efecto”, proyecto Illa:


Un objetivo que debería condicionar las posiciones de todos. En el bando independentista, por la parte más moderada, la que representa el desencanto con sed de centralidad. Y en la parte “españolista”, por la parte de quienes apuestan por aparcar las querellas nacionales en favor de dicho objetivo, sin que eso suponga estigmatizar las ideas nacionalistas si cursan en los marcos ordinarios del vigente Estado de Derecho.


Planteamiento sectario, se dirá, pues endosa al exministro Illa, candidato del PSC, la tarea de encabezar la operación pensada para conseguir que la racionalidad y el sentido común vuelven a Cataluña después de una década malograda por una quimera que sólo ha traído desdichas a los catalanes.


Entiendo la objeción, pero el planteamiento no es arbitrario. El PSC es, sin lugar a dudas, la opción constitucionalista mejor colocada para materializarlo. Con recetas tan plausibles como las del “reencuentro de Cataluña consigo misma y con el resto de España” (Illa dixit). O como la apremiante necesidad de aparcar los sueños imposibles y centrarse en la protección de la salud y la recuperación de la economía.


Todo eso es de aplicación muy difícil, por no decir imposible, sin la complicidad del sector independentista con sed de centralidad, con vocación de diálogo y sin inclinaciones insurreccionales. La matemática de las urnas del 14 de febrero nos dirá si es posible. La alternativa sería volver a las andadas con un nuevo Gover de mayoría absoluta que insista en reconocerse en la unilateralidad, la desobediencia y el desafío al Estado.


Y aquí he tocado el más sensible y el más polémico vector del análisis: ¿Está pensando Illa en coaligarse con ERC? El discurso pregona que no lo hará con quien tenga la independencia de Cataluña como objetivo. Nada de Gobierno con independentistas, pero, atención, “bienvenido sea quien quiera apoyar un gobierno para el reencuentro”.


Bastaría, pues, que ERC se declarase independentista, por supuesto, como Alberto Garzón se declara partidario de la sociedad sin clases, pero sin prisas y cuando toque, para que la posibilidad de un “tripartito” (PSC-ERC- Comunes) sea muy creíbles, si los números se prestan.


La hipótesis es en sí misma un casus belli, a título preventivo, para las otras fuerzas constitucionalistas que concursan en el reparto de escaños del Parlament. De hecho ya es espantajo del PP y Cs para robarle votos al PSC. Y eso es como apedrear la causa de una Cataluña de vuelta a la normalidad. 

Proyecto “Illa”