Rafael Torres

La guerra de Putin, y la otra

Dos guerras: la de Putin en Ucrania pulverizando escuelas, hospitales, silos de grano, bloques de viviendas y centros comerciales con los ucranianos dentro, y la del hambre y la desesperación que arroja a miles de criaturas contra las concertinas erizadas de púas y la brutalidad de una gendarmería fronteriza sin el menor asomo de profesionalidad ni de empatía.Pedro Sánchez, enteramente subsumido en lo que más le gusta, el alterne internacional, y no digamos como anfitrión de él, parece haber concentrado toda su atención en una de esas guerras, y ninguna en la otra.Tanto es así, que ha tratado de justificar sus estólidos comentarios iniciales sobre lo sucedido en Nador, donde más de treinta seres humanos perdieron la vida en su afán de conservarla en términos de dignidad saltando la valla, diciendo que es que no había visto las imágenes de la carnicería.

Las masas y la OTAN

Otra dificultad, secundaria si se quiere pero no menos determinante, es que la OTAN no ha invadido Ucrania a sangre y fuego.Se podría estar hoy contra la OTAN, particularmente contra la prevalencia en ella de los intereses geoestratégicos de los EE.UU. que en algún caso pudieran ser distintos o adversos a los de España y Europa, pero a condición de estar también contra el siroco neo-imperialista del sátrapa que pretende reeditar el Pacto de Varsovia.

Los infiernos de Mónica

Parece haber una distancia infinita entre aquella mujer que se batió con determinación y valor en el Parlament valenciano contra la podredumbre política del momento, y ésta que el pasado sábado, ya investigada por la posible dejación de sus deberes en el caso de la agresión sexual de su ex-marido a una menor tutelada y en vísperas de la forzada dimisión de todos sus cargos institucionales, pudimos ver entregada a un baile desatentado y absurdo.

No hay camareros

En ellos se habla, se grita, se desayuna, se come, se merienda, se cena, se liga, se cotillea, se ven los partidos de fútbol y se bebe hasta, como ocurre en tantos casos, perder el sentido, pero lo más dramático es que todo ese guirigay, ese caos, se carga en las espaldas de los camareros, que son personas con una memoria prodigiosa, sobre todo en lo tocante a la diversidad cafetera, y a los que les duelen insoportablemente los pies.La patronal de la hostelería se lamenta de la falta de camareros, pero podía ocurrírsele pagarles mejor, explotarles menos.

Olona le aterra

Olona le aterra.Se comprende que Macarena Olona le aterre, pues es francamente aterradora, pero no se comprende tanto que cifre su quimera de la mayoría absoluta en que le vote todo quisque, los socialistas, los comunistas, los huérfanos de Ciudadanos, los peperos con un pie en Vox, y hasta los de Vox ya puestos.

La beca del juez

Pero cualquier trabajo es incompatible con opositar a juez, o a fiscal, y ese es el filtro que secularmente se ha empleado para seleccionar a los que pueden acceder a la judicatura, y a los que no.A reparar mínimamente, pero en algo, esa radical injusticia en el propio seno de la Administración de Justicia, el Gobierno ha ideado un plan que, si funcionara bien y se extendiera, podría, de una parte, democratizar el acceso a la judicatura, o sea, la judicatura, y, de otra, hacer unos cuantos agujeros en la impermeabilidad entre las clases sociales, que en nuestro país es, como se sabe, particularmente impenetrable.

El síndrome Mbappé

De tenerlos en nómina, detectarían a esos Mbappés desconocidos y se harían con ellos por dos perras gordas.Si el fútbol no fuera una cosa a la que ha podrido el dinero, ni Mbappé seguiría, por muchos millones que le dieran, en un equipo que no va a ganar nunca ni a tiros la Copa de Europa, ni los madridistas, con Florentino Pérez a la cabeza, se habrían llevado un disgusto tan monstruoso.

La jornada partida

A los niños se les compran cosas, quincalla tecnológica sobre todo, pero se les hace poco o ningún caso en lo que de verdad les concierne.Este debate, en todo caso, debería corresponderse con otro previo, el de la conveniencia o no de que los colegios hagan las veces de guarderías, de depósitos donde aparcar a las criaturas mientras sus progenitores trabajan, pues de la resolución social e institucional de esa incógnita depende que se enfoque adecuadamente la actual discusión: si jornada partida, a los niños no se les ve el pelo en todo el día, comen en los centros, se les apunta a toda clase de extravagantes “actividades extraescolares” en la sobremesa, y se les suelta cuando en invierno ya es casi de noche con la pretensión, encima, de que al llegar por fin a casa se pongan a estudiar o a hacer “los deberes”.

Crímenes de guerra

También es muy probable que aún queden bajo los escombros de lo que fue el teatro de Mariúpol miembros y restos calcinados e irreconocibles de las 600 personas, ancianos, madres y niños sobre todo, que fueron reventadas, igualmente, por designio de ese tipo que ayer intentaba componer un gesto compungido, sin conseguirlo, al ofrendar claveles rojos en memoria de los héroes caídos en la guerra que se conmemoraba y que, con toda seguridad, hubieran preferido no ser héroes, ni mucho menos caídos, sino hijos, hermanos, padres, esposos, hombres vivos.La guerra es un crimen, el Gran Crimen que abre la espita por la que salen, tiznados de sangre y vísceras, todos los demás.

El ataque externo

Con lo del “ataque externo” se supone que el Gobierno quiere decir que la intrusión en los móviles del presidente y de la ministra de Defensa no proviene del CNI, o, lo que sería más inquietante si cabe, de algún elemento o grupo descontrolado perteneciente a dicho Centro que operara por libre o por encargo de alguien en beneficio de intereses espurios.

La extrema derecha infinita

Hasta ahora se podía entender que a la derecha de un señor de derechas como Emmanuel Macron hubiera una señora extremadamente de derechas como Marine Le Pen, pero a a partir de ahora, que ha emergido de ese extremo otro extremo, es decir, como el extremo del extremo, ya no se puede entender otra cosa que el miedo que eso da.Claro que en un paisaje político del que han desaparecido, como por ensalmo, los partidos tradicionales de la derecha y de la izquierda, el PP y el PSOE galos como si dijéramos, todo es posible, pero esto de Zemmour y su Reconquista es tan brutal que no puede sino ser cierto.

Volvemos a lo de siempre

Ahora bien; como el resultado de éstas depende de los votos de los españoles, circunstancia que a una formación como Vox debe de suscitar desconfianza, es necesario que el piso que se vaya mostrando al elector, el piso piloto, parezca amplio y luminoso, y no oscuro, angosto y sórdido como el que pudiera entregarse con las llaves.De momento, pues, Abascal quiere ir suavecito, sin grandes escándalos (pese a que el programa de Vox ya escandaliza lo suyo), ni más garrotazos a la democracia liberal que los que él presume ligeros y digeribles aperitivos, que si la entronización de la caza como una de las Bellas Artes, que si el engendro ese de la “violencia intrafamiliar” en sustitución de la ley que pretende atajar el goteo feminicida, que si el retorno de la desmemoria por decreto que vuelva a sepultar los crímenes franquistas...

Impuestos y taxidermia

Si bajando los impuestos, como pretende Feijóo, no se pudieran emplear recursos públicos, por ejemplo, en la construcción y mantenimiento del gigantesco pabellón de caza y armería que el ex-rey Juan Carlos I se hizo construir en 2007 a costa de Patrimonio Nacional, tres millones y medio de euros que salieron de los impuestos precisamente, uno se adheriría automáticamente a esa propuesta con que el nuevo jefe del PP condiciona al presidente del Gobierno para entenderse un poco con él en los asuntos de Estado, en la renovación del Consejo General del Poder Judicial sin ir más lejos.O si bajando los impuestos, como defiende Feijóo dándoselas de Robin Hood, nos quedáramos sin partida para pagar el disparatado sueldo del nuevo vicepresidente de la Junta de Castilla y León, ese Juan García Gallardo de Vox que se embolsará 100.000 euracos al año por no hacer nada, o, cuando menos, nada que necesite la región, uno no sólo se adheriría automáticamente al plan, sino que me iría con Feijóo a predicar su necesidad perentoria por montes y collados, calzados ambos con sandalias y cubiertos con hábito de estameña.Lamentablemente, lo que quiere Feijóo, y que le desaconseja a uno acompañarle en semejante gira, no es descargar a los ciudadanos, a los trabajadores, del peso de tanto grosero dispendio, sino descargarles de los beneficios que los impuestos les procuran, esto es, buenos colegios y universidades, buena atención sanitaria, buenos servicios sociales, buenas carreteras, buena administración de justicia, bueno de todo cuanto se necesita.

Traducción infernal

C uantos ucranianos conocen el español, que son muchos, se expresan en nuestro idioma con sorprendente fluidez, claridad y precisión, mejor incluso que muchos españoles, pero por alguna oscura razón que se me escapa, las traductoras que suelen contratar en la televisión, y no digamos la encargada de verter al castellano la esperada alocución de Volodimir Zelenski al pueblo español en el Congreso de los Diputados, ni entienden nada, ni hay quien las entienda, y, lo que es más lacerante, desvirtúan y arruinan los mensajes que nos mandan quienes se hallan en el centro del horror.Ya ocurrió hace un par de semanas en un programa que venía anunciando con gran aparato la exclusiva de una entrevista en directo con el principal asesor y mano derecha del presidente de Ucrania.

La trata en la frontera

Ninguna institución local o comunitaria de rango estatal, ninguna policía, vigila esos lugares de doloroso, masivo y forzado tránsito para estorbar la caza de los que acechan a sus potenciales víctimas, esas criaturas que solas o con sus hijos vienen huyendo de las bombas y se dirigen no saben a dónde.A algunas de ellas, un poco afortunadas en medio del infortunio, les aguardan personas de buen corazón y poca tolerancia ante la injusticia que han recorrido miles de kilómetros en sus coches particulares, o en autocares fletados de su pecunio, para rescatarlas de esa zona cero y llevarlas a sus países, donde hallarán refugio seguro, se reunirán con parientes o amigos, o, en cualquier caso, encontrarán el afecto y la protección que su trágica situación suscita entre la buena gente.

El Sáhara y el deshonor

La posición del Gobierno de España contra la sanguinaria invasión rusa de Ucrania parte de la justa condena de la violación de esa legalidad que otorga seguridad jurídica, establecida por la naciones, a la integridad territorial de los pueblos y al derecho a trazar libremente su destino, pero su posición ante el conflicto del Sáhara, determinada hasta hoy por la mala conciencia de haber traicionado en su día al pueblo saharaui, ha girado de súbito hacia la aceptación de la quiebra de la legalidad internacional que supone la ocupación y anexión de su territorio por otro país, Marruecos, ejecutadas precisamente cuando entre España y el Sáhara se había iniciado con todas las bendiciones legales el proceso de descolonización.Es la ONU, y no uno, quien establece los procedimientos y las garantías para la resolución de los conflictos internacionales, y aunque esa sociedad de naciones lleva tiempo pintando menos que un mojón, en lo cual sí que se parece a uno, siguen vigentes sus resoluciones sobre el Sáhara Occidental, que, básicamente, se resumen en una, la de la celebración de un referéndum de autodeterminación basado en un censo justo.

La psicosis del girasol

El único desabastecimiento que hay, pese al esfuerzo de una patronal del transporte para que con su huelga inoportuna lo haya de la mayoría de los suministros, es el de dinero en el bolsillo de buena parte de los españoles, esto es, de aquellos que ya llegaban raspados a fin de mes con sus escuálidos salarios, y que hoy, con el brutal aumento de los precios de todo, no llegan ni raspados ni sin raspar.El fantasma del desabastecimiento nos llega cuando aún no nos habíamos repuesto completamente de aquél que nos impelió por alguna oscura razón a hacer acopio de papel higiénico, pero en ésta ocasión el artículo protagonista de la psicosis es el aceite de girasol, que, no nos engañemos, ha doblado su precio en la última semana no a causa de una escasez en el stock, sino de la provocada por el acaparamiento de los consumidores, incluso de los que ordinariamente no lo consumían, que ha desequilibrado el normal ten con ten de la oferta y la demanda.

Los malos cálculos del calculador

Ese único y mísero acierto en sus planes de invasión le permiten seguir extendiendo la ruina, el dolor y la muerte por los campos cereales y las ciudades de Ucrania, pero no burlar el destino que, antes o después, por sus despiadados actos le aguarda.Salvo en el de su incalculable falta de escrúpulos, el sátrapa ruso ha errado en todos sus cálculos, lo cual equivale al harakiri en alguien, como él, fundamentalmente calculador.

Belarra, Montero y cuatro más

si la criminal invasión rusa de Ucrania no fuera lo que es, una acción salvaje y genocida, la postura de Unidas Podemos ante ella suscitaría tan sólo hilaridad, pero como es lo que es –una agresión alevosa, despiadada, imperialista y erradicadora, de tintes medievales pero con armas de última generación– la postura de Podemos (que recuerda la de los comunistas europeos cuando se hicieron súbitamente partidarios de “la paz” a raíz del abrazo entre Stalin y Hitler en el verano del 39 y, en consecuencia, fervientemente contrarios al auxilio que Francia e Inglaterra debían a su aliada Polonia cuando fue invadida a sangre y fuego como hoy lo es Ucrania) es no sólo un insulto a la inteligencia, sino una ofensa intolerable al pueblo ucraniano, que sufre en pavorosa soledad la destrucción de su país y el asesinato de sus hijos, y que con tanta bravura como precariedad de medios se defiende.Unidas Podemos, o sea, Belarra, Montero y cuatro más, pretenden vender a estas alturas la política de apaciguamiento que ya se intentó y que resultó infructuosa, pero pretenden algo aún peor: que Ucrania se rinda.

Nada existe para él

Inspiraría piedad esa tortura constante si no intentara alejarla de sí trasladándola al mundo que le circunda, y que existe mal que le pese.Por las cosas que dice, pero sobre todo por las que hace, hay quien le califica de salvaje, pero el adjetivo no es el adecuado: los salvajes saben, bien que a su salvaje manera, amar.

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