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El ocio nocturno de A Coruña se vio desbordado en una histórica noche de Halloween

Miles de personas acudieron a la sala Pelícano en la fiesta temática del lunes

Ni siquiera las altas expectativas para un puente con cuatro días de actividad evitaron la agradable sorpresa que supuso para el ocio nocturno la madrugada del lunes al martes. Los hosteleros y representantes de las principales zonas de marcha coinciden en apuntar a la de Halloween como una noche para la historia en lo que a volumen de clientes y recaudación se refiere. Fin de Año y San Juan, tradicionales cúlmenes de la fiestas, empiezan a languidecer ante un fenómeno imparable. 


Se había encargado de pronosticarlo en la víspera Luis Diz, presidente de la asociación Galicia de Noite y gerente de los locales de la zona del puerto, así como el Andén y el Playa Club. Los números que manejaba llevaron a organizar varias fiestas de Halloween diferentes, tres de ellas en en la sala Pelícano. La fotografía dejó atrás cualquier cálculo: fuera del recinto de Los Cantones Village las colas solamente para acceder al inmueble fueron largas y constantes. La sala Pelícano, por su parte, hacía días que había agotado sus tickets. “Los aforos estuvieron completos desde las 02.00 horas, con un consumo por cliente alto en todo momento. Pusimos precio de entrada para frenar a un determinado público, pero es que había tanto sobrante por fuera que tuvimos que cortar el acceso al centro comercial”, indica Diz. “Fue explosivo, hace años que Halloween ha superado a Nochevieja”, añade.


Un reparto de juego completo

Lejos de concentrarse en una sola zona, todos los puntos neurálgicos de la noche dejaron una estampa asombrosa en el centro: el peregrinar desde el puerto al Orzán y viceversa dejó La Marina con colas visibles desde toda la avenida para acceder a locales como La Cúpula o Piccadily, extremos a cada lado del área. Entre medias, La Calle debutaba en Halloween. “Estuvimos al límite de aforo durante muchas horas, hubo mucha más gente de lo esperado, hasta el punto que nos sorprendimos”, afirma Antonio Ruiz, propietario también del Quai. En la misma línea se pronuncia Marta Bea, de Tre Parole, en La Marina, y dPicos Pardos, en la plaza de la Cormelana: “Fue muy positivo”.


En plena víspera de Difuntos se produjo la resurrección del Orzán, una zona en la que se ha estancado la proliferación de locales y apenas sobreviven unos cuantos de la etapa dorada. Precisamente a ésta referencia Carlos Díaz, propietario de Studio 54. Allí, al filo de las 03.00 horas la cola por tener el privilegio de entrar alcanzaba el medio centenar de candidatos. “Parecía el Orzán de hace 15 años, los taxis incluso tenían que dejar a la gente al principio de la calle, porque era imposible pasar”, comenta. 

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