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A Coruña

El narcotráfico persiste en los barrios a pesar de que casi ha desaparecido el factor okupa

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Hace ya varias semanas de la última intervención policial para desactivar un piso, y fue en Ramón Cabanillas, en pleno Os Mallos. Desde entonces, las cosas parecen haberse calmado, en parte porque la llegada del verano obliga a un descenso en la actividad en casi todos los campos, incluido el policial. Sin embargo, el grupo municipal del PP ha recogido las quejas de vecinos en Os Mallos y O Castrillón por la existencia de narcopisos. Entre ellos, uno situado en el número 13 de Ramón Cabanillas y otro en la calle Leira do Campo. Ambos habían sido cerrados por la Policía Nacional, pero parece que la actividad ha regresado. Aunque casi ha desaparecido el elemento okupa.

El PP recoge las quejas de los vecinos de Os Mallos y señala otros dos puntos de venta de droga: uno en el doce de la calle Laracha y un tercero, en el 58 de la calle Vizcaya. También hace mención a varios puntos de O Castrillón, sin especificar. Desde la asociación vecinal de O Castrillón-Urbanización Soto IAR afirma que informa puntualmente a la Policía Nacional de aquellos pisos donde tienen conocimiento de que se trafica. "Sabemos de alguno", reconoce Ramiro Otero, su presidente. La asociación O Cruceiro señala tres. Uno de ellos, justo encima de su sede, en la calle Abegondo.

Las peleas, las visitas a horas intempestivas y los robos son molestias habituales 

Su presidente, Eros Riveiro, puede dar fe de lo molesto que es convivir con un punto donde se trafica con droga. “Hay una actividad que no es normal. Ves las actitudes en la calle, llaman al primero, no les contestan..”, explica el representante vecinal

Por otro  lado, el caso de Leira do Campo es particularmente llamativo. En marzo de 2023, agentes de la Policía Nacional se personaron en una casa baja y derribaron a mazazos una puerta, para luego abandonar el lugar sin detenidos (al no encontrar al sospechoso) ni incautaciones. Es más: se atrevieron a colgar un cartel irónico en el que se anunciaba una empresa, ‘El Jinete S.L.’, e incluían el precio de todos los productos que ofrecían: caballo (heroína), hachís, hierba (marihuana), base (crack), cocaína, MDMA (un droga sintética, el éxtasis), y pastillas. Una nueva intervención policial permitió acabar con el problema, pero ahora Riveiro asegura que la semirruinosa vivienda vuelve a estar habitada.

El portavoz del PP pide más coordinación entre cuerpos para acabar con el problema
El portavoz municipal del PP, Miguel Lorenzo, insiste que “en los últimos años hemos visto casos donde los okupantes ilegales de viviendas y locales han causado estragos en el vecindario y hasta que no ha habido incidentes graves, el Gobierno municipal no ha tomado medidas”. Es cierto que el número de delitos creció un 2% el año pasado, según datos del Ministerio de Interior, y el PP considera que no se está actuando de forma contundente y coordinada con  las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad “para acabar con los problemas que acarrean estos narcopisos”.Aunque es la Nacional, y no la Policía Local, la principal responsable de lucha contra el narcotráfico, Lorenzo pide más presencia en la calle, recuperando la Policía de Barrio, así como formalizar protocolos de coordinación entre municipal y Nacional; incrementar las plantillas de ambos cuerpos y determinar las necesidades por zonas. “Desde que Inés Rey es alcaldesa, los delitos aumentaron un 24% en nuestra ciudad y los coruñeses sufrimos en el último año 35 delitos diarios. Estos son los asuntos del día a día de los coruñeses que tiene que resolver”, exigió. 

Residencia legal

Los vecinos ponen en conocimiento de la Policía Nacional lo que observan en sus calles, de manera que las autoridades están informadas de lo que denuncia el PP. De los tres narcopisos que se ubican en Os Mallos, fuentes policiales aclaran que ninguno está okupado. Esto es un cambio con respecto a hace un par de años, cuando gran parte del narcotráfico se concentraba en viviendas irregulares.

Por otro lado, el hecho de que estén viviendo allí de forma legal, ya sea siendo propietarios del piso o en alquiler, no facilita la labor de los agentes que lucha contra el narcotráfico. “Si detienes a un okupa y el juez lo suelta, tiene derecho a volver a la casa. Y también tienes que pedir una orden para entrar”, apuntan. Sin embargo, es verdad que en los edificios abandonados con okupas se suelen encontrar más elementos marginales, y otros peligros, como los incendios.

Miguel Lorenzo recuerda que la criminalidad crece desde hace años

Para los vecinos puede resultar descorazonador comprobar cómo los narcopisos se perpetúan en el tiempo. Riveiro, por ejemplo, señala que hace décadas que soportan el que se encuentra en Camino de la Iglesia, a pesar de que ese lugar ha visto numerosas intervenciones policiales a lo largo de los años sin que se haya conseguido acabar con el problema.

Camino de la Iglesia es uno de los puntos de venta de drogas más antiguos de la ciudad, sobre todo después de que se eliminara el de las viviendas de San José con la demolición en enero de 2022.  En todo caso, las autoridades advierten de confundir los verdaderos narcopisos con las viviendas de simples toxicómanos, cuya forma de vida implica tratar con otros drogodependientes, lo que genera problemas en la comunidad: peleas, visitas fuera de horas, gritos, etc.

La distinción es sutil. Sobre todo, porque muchos toxicómanos trafican para pagarse el vicio. Sin embargo, los policías sí tienen que tenerlo en cuenta. Sobre todo,  la Udyco (Unidad de Drogas y Crimen Organizado).

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