Una ‘cumbre’ extraña. Y reconfortante

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Me dolió ver que una responsable de comunicación del Partido Popular, a título meramente personal, calificase, en un tuit de “cumbre comunista” la que este sábado mantienen en El Vaticano la vicepresidenta del Gobierno de España, Yolanda Díaz, y el Papa Francisco. El tuit fue retirado poco después, supongo que por orden del partido de la persona que tan descabellada idea tuvo. Porque el encuentro entre Bergoglio y la señora Díaz, tan lejos de lo usual, me parece reconfortante. Desconozco, claro, el temario a tratar -nunca lo conoceremos del todo-, pero hay un diálogo posible en torno a cómo mejorar la vida de las gente. Y esa conversación no tiene por qué entrar en el terreno de lo dogmático, aunque sí entre, quizá, en el de lo propagandístico, sobre todo en el caso de la vicepresidenta y militante del Partido Comunista de España.


Hay cosas en este encuentro que se me escapan: ¿se ha hecho a espaldas de La Moncloa y de los cauces oficiales, como algunos, quizá sin conocimiento suficiente, dicen? Esto debe aclararse, porque fijar una cita con el Papa Francisco, siendo como son los intrincados meandros vaticanos, no es cosa fácil de conseguir a nivel particular, ni aun siendo vicepresidenta. Y, segundo, ¿qué pretenden ambas partes con esta tan publicitada reunión? Tengo claro lo que la señora Díaz, lanzada a todo gas a formar ‘su’ plataforma, busca: menudo espaldarazo ‘transversal’ esa foto del apretón de manos cordial con alguien como Francisco, que a nadie deja indiferente. Conste que no me parece mal: la política se compone también de gestos y ‘photo opportunities’.


Y ¿qué busca la alambicada diplomacia vaticana con esta foto, que -supongo que habrá imágenes, como en casi todas las audiencias papales, y que no se escamotearán a la opinión pública--? Sin duda, Francisco busca una imagen de apertura: no tiene sentido recibir solamente a los convencidos de tu grey. Ahí es nada mantener un encuentro con una figura carismática que no esconde, sino que potencia, su militancia comunista y que hasta prologa la reedición del ‘manifiesto’ de Marx y Engels. Tratar de ver intenciones secundarias en esta ‘cumbre’, quizá entre dentro de las especulaciones conspiranoicas a las que tan aficionados somos: ¿es, en el fondo, un capón a Pedro Sánchez, que pronto encontrará en la ‘plataforma’ de la señora Díaz a su quizá principal competidora electoral? Ya se sabe que El Vaticano hila muy fino, pero no creo que haya que buscar por caminos tan tortuosos. Y las relaciones de este Gobierno español con la Santa Sede creo que aún no son malas, al menos hasta que llegue allí la nueva embajadora Celáa... y espero que se me perdone la broma, que no tiene (demasiada) mala intención.


Me alegra, en todo caso. Todo lo que sea alejarse del dogmatismo, de los clichés establecidos sobre, por ejemplo, con quién es correcto encontrarse, hablar, y con quién no, me parece bueno. Nuestra vida política necesita sorprender a la ciudadanía con cosas que no sean hacer una campaña en favor de la ‘integración de los juguetes’ -menuda tontería, a mi entender_ o prohibirte fumar en tu propio automóvil. La política es, debe ser, algo más serio que esos detalles que muestran lo poco que tienen que hacer en algunos ministerios. Es algo tan serio, a mi entender, como un encuentro de una vicepresidenta comunista y un Papa que, obviamente, no lo es, pero que no se cierra a nada. Como debe ser, en mi opinión. 

Una ‘cumbre’ extraña. Y reconfortante