Menos velocidad y más sospechas de afán recaudatorio

Una hilera de coches adelantando camiones | aec
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De todas las novedades que supone la reforma de Ley de Tráfico con la que todos nos vamos a quedar es con la supresión de ese margen de veinte kilómetros por hora sobre el máximo permitido que se utilizaba para adelantar. Se acabó lo de dejar atrás a ese coche que va formando caravana mientras mascullamos ‘dominguero’ o lo de buscar la forma de no perder la cadencia de la marcha. A partir de ahora lo que marca la señal es todo lo que hay. Sin excusas. Y con los que ralentizan el tráfico, incluso a veces de forma peligrosa, no va a quedar más remedio que convivir. Igual si desde el Gobierno hiciesen un poco de labor pedagógica y nos mostrasen las estadísticas de los accidentes provocados por adelantamientos, entenderíamos el porqué de la medida. Mientras tanto, la reacción inmediata es pensar que al eliminar estos veinte kilómetros por hora se elimina cualquier posibilidad de alegar que se estaba adelantando a otro vehículo en caso de que un radar nos ‘cace’. Será que somos unos malpensados.

Menos velocidad y más sospechas de afán recaudatorio