La política

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"Espero que su hermano, poco a poco, se irá tranquilizando y comprenderá la necesidad de organizar su vida, olvidándose de la política. Le ruego le haga saber que no debe olvidar mis indicaciones, convirtiendo su ideario político en parte muy secundaria del desarrollo de su vida…”. Esto se lo decía un amigo a otro, a través de una carta fechada el 26 de febrero de 1.935 y que llegó a mí poder por casualidades de la vida.


Esta circunstancia me hace reflexionar sobre la ideología, la valentía y el compromiso social de muchas personas que han seguido luchando por sus ideales a través de la política, o el activismo social, en circunstancias difíciles, incluso con el riesgo para sus propias vidas. En España, a lo largo de las cuatro décadas de la sangrienta dictadura militar, el poder establecido animaba y “recomendaba” el pensamiento único, convirtiendo la política en un privilegio de unos pocos “triunfadores y bufones” del poder.


Posteriormente la política vivió sus mejores momentos gracias a la llegada de la Democracia, la libertad y la división de poderes. Las ganas de transformar la sociedad y conseguir la utópica Justicia Social lleva a la política española una nueva generación de servidores públicos, jóvenes, que llegaron a colocar los cimientos de una sociedad basada en los Derechos Sociales y el Estado del Bienestar.


Años después las cosas han cambiado tanto que, actualmente, muchos integrantes de la clase política se acercan al poder para su propio lucro personal y familiar. La corrupción y el enriquecimiento ilícito, a costa de los presupuestos generales, ha sido y es una práctica demasiado habitual. Los ideales han pasado a un segundo plano.

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