Las dos Españas

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Hoy se reúnen en Santiago ocho presidentes autonómicos para reclamar un cambio en la financiación. Es algo indispensable y que puede –ahora que tanto se habla de las dos “Españas”– mejorar la vida a miles de ciudadanos. Pero no estará de más recordar que en algunas de esas autonomías con una mano bajan los impuestos y tasas y con la otra le pide al gobierno más dinero. Una prioridad es, sin duda, atender a los ciento y pico mil hogares gallegos donde se vive en permanente estado de vulnerabilidad. No hemos oído ni una palabra de esta situación ni al presidente de la Xujnta, sus colegas de gobierno, el secretario del partido, etc. Seguramente en esa reunión de hoy habrán recuperado el uso de la palabra y echarán la culpa a sus rivales políticos.


Hacen bien “tirar” para los suyos pero mejor estaría que nos explicaran los recortes que aún sufren las políticas de Rajoy nos amenazan nuevas si los colegas de EME PUNTO se hacen con el gobierno


Y estamos los españoles que nos vacunamos –aunque haya que hacer un rally para llegar hasta Expo-Coruña y los ancianos –citados para las 19,30– tienen que elegir catarro o vacuna. Vienen de Coristanco, Carballo, etc., como si allí no hubiera un centro de salud. Ya puestos a la cola ¬el domingo pasaban de trescientos los que hacían cola. Y allí a la espera la puerta que ponía entrada, donde estaban los profesionales del pinchazo, era para salir, que anunciaba un pequeño carel en una esquina mientras el otro ¿el reglamentario? mide doce metros. Hay que ir en taxi, o a “pinrel” pues los sábados las líneas de nuestro querido transporte urbano recorte la flota cuando debía ser al revés.


Y los que nos vacunamos tenemos que aguantar a los negacionistas. Otra vez las dos Españas.


Y todo este panorama de nuestra doliente sanidad nos llega como un bofetón: están en el aire cincuenta mil empleos una vez que pase el maldito virus. Y no valen las protestas ciudadanos –que pagan con sus impuestos una sanidad que cada vez tiene más agujeros– que han pasado de aplaudir a los profesionales a gritar a los políticos. No hay duda alguna: amén de la España rural y la urbana; de la España que se vacía por falta de futuro, en un mismo territorio hay dos clases de ciudadanos. Y, curiosamente, nuestras administraciones se quedan solo a medirlas por el número de votos.

Las dos Españas