Aquelarre

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Con esa palabra despachó el presidente del PP y aspirante a presidir el gobierno, fue describió la reunión de cuatro de nuestras políticas más conocidas que, en un hecho inusual en estos tiempos, pidieron medidas para resolver, dejando atrás las legítimas discrepancias y a veces luchas, entre partidos para resolver los problemas que sufren los ciudadanos.


Ya le cayó la del pulpo al señor Casado que desde el reto de Ayuso ve cada vez más difícil seguir liderando el partido.


Pero la puntilla se la dio la que fue su fugaz portavoz del partido que ahora, libre de toda atadura, le canta las cuarenta: no tiene programa, no tiene ideas. Es un “bienqueda”, un veleta. Álvarez de Toledo que le conoce bien hizo esta afirmación que vienen a ser oros golpes en la tumba política del cada vez más apurado señor Casado. Y es que, perdón por el chiste pero parece que hay un divorcio de buena parte del partido con él. Y, naturalmente, con los ciudadanos hartos de sus gestos, bulos y mentiras. Por si fuera poco la antigua portavoz reveló que no votó al candidato del PP para cubrir plaza en el alto tribunal. No se tapó la nariz como otros muchos: dijo que no era idóneo.


Vuelta al principio: detengámonos en los aquelarres: brujas o brujos, que había de todo, se dedicaban echarte mal de ojo y, como hemos visto en películas y leído en novelas a mover cosas de un lado a otro. Eso lo hizo el PP de Valencia –se le llamó pitufeo– que es lo de cambiar de color una cosas (aquí el dinero) que si es negro por su procedencia no por el color se blanquea mirando para otro lado. Hay ahora medio centenar de “peperos” valencianos ante la justicia para recibir una amonestación por hacer “brujería barata”. Algo que el PP que destroza ordenadores, cambia de muebles para decorar Génova a precio de saldo.


Lo mismo le pasa a los correligionarios del señor Casado en los” madriles” pues han llamado también a un grupo de militantes y cargos del PP para explicar algunas cosillas con relación de un dinero muy mal lavado. Aquí fue al revés: apareció un coche de alta gama en el garaje de uno de los acusados. Eso sí que es magia. Lástima que los señores magistrados no crean en esas cosas.


¿Les queda claro, ahora, eso del aquelarre? Pues hagan el favor de contarlo por ahí.

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