Escribo tapándome la nariz

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“Ellos” dicen que votan tapándose la nariz. Saben que votar ‘sí’ a un candidato clarmente no idóneo para el Tribunal Constitucional es un acto indigno. Dicen que lo hacen obligados por sus superiores políticos. Anteponen el valor de la disciplina ciega y sorda a su conciencia.

Podían no hacerlo. El reglamento del Congreso prevé que determinadas votaciones de sus Señorías sean secretas, precisamente para salvaguardar su conciencia.

Votar al candidato equivocado para cubrir una vacante nada menos que en el Tribunal Constitucional, que es la última instancia de apelación, va, me consta, contra la conciencia de muchos diputados. Pero ya se sabe que en la ramplona política española el que se mueve no sale en la foto.

El Parlamento, y con él los partidos que se han hecho cómplices de este enjuague, y de paso el conjunto de los poderes de Montesquieu, salen profundamente tocados de este lance. ‘Ellos’ confían en que pronto se olvide, como tantas otras trapisondas.

Hasta seis grupos parlamentarios no han querido ser cómplices del pacto subterráneo de los mayoritarios para seguir repartiéndose el Constitucional, y no quisieron ni siquiera entrar en la Cámara a La hora de debatir este feo asunto. Es lo menos que podrían hacer y por mucho que se discrepe de ellos, aquí hay que darles la razón, al menos, según mi criterio.

La política española, cerrada, inflexible, miope, testicular, autoritaria, ha infringido una severa humillación, además, a los parlamentarios de ‘a pie’, que son nuestros representantes. Es decir, los ciudadanos salimos humillados.

El principal culpable esta vez ha sido el grupo socialista y su nuevo portavoz, que ha quedado como un apparatchik al exigir a sus ‘súbditos’ mostrar cuál ha sido el sentido de su voto, que la ley quería secreto. Claro que el PP debía haber vigilado más a quién seleccionaba para renovar el TC.

Alguno con acta parlamentaria, seguro que no podrá dormir bien durante algún tiempo. Loor a los muy escasos disidentes. Ellos sí merecerían mi voto. No ha sido este jueves un buen día para la democracia española, desde luego.

Escribo tapándome la nariz