España es una tómbola

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Y no idílica como nos cantaba Marisol en su película de 1962. Esto no hay quien lo entienda y además indigna a la inmensa mayoría silenciosa de españoles que estamos sufriendo todas las crisis juntas sin la más mínima empatía gubernamental. Con el recibo de la luz disparado, la nevera vacía, los pensionistas en vilo, los jóvenes sin empleo, muchos mayores también, una deuda pública del 122% sobre el PIB, las calles llenas de locales vacíos por negocios arruinados y un largo etc. de desgracias que cargan nuestras mochilas hasta lo insoportable, aparece Sánchez y anuncia “regalos” que, finalmente, serán una carga más sobre nuestras espaldas.


Ahora anuncia un cheque de 250 euros al mes durante dos años para el alquiler como ayuda a los jóvenes y, ya de paso, otros 400 a aquellos jóvenes que cumplan 18 años en 2022. Este último es muy interesante porque el requisito del año de nacimiento hace coincidir a todos esos jóvenes en una cosa por lo menos: todos ellos votarán por primera vez en las próximas generales. Otra peculiaridad de esta última ayuda consiste en que la tendrán que gastar en cultura, no en la que les apetezca sino en aquella que le apetezca al gobierno.


La anuncian, pero nada se sabe de su desarrollo, si harán una transferencia a cada joven, si les darán una tarjeta o si consistirá en descuentos en las taquillas.


Los jóvenes prefieren las transferencias y los hosteleros también porque unas birras entre amigos es cultura también para la generación del botellón y con 400 “pavos” gratis en el bolsillo se lleva mucho mejor. No me queda más remedio que recordar al presidente Zapatero cuando, ante el desastre electoral que se le anunciaba al PSOE, decidió repartir 400 a todos los españoles fueran ricos o pobres para intentar comprar unos votos que, al final, le dieron la espalda. La gente no es tan tonta y los chavales de 18 años tampoco. Con la luz disparada y empresas que empiezan a parar por los costes de la energía el gobierno regala nuestro dinero, pero no para ayudar a pagar las facturas, lo hace para intentar comprar votos.


Con el problema de empleo juvenil que tenemos prefiere mandar a los jóvenes de fiesta para que no tengan tiempo de pensar. Cuando el alquiler es un problema en algunas ciudades el gobierno no plantea la construcción de viviendas sociales sino manejar la propiedad privada a su antojo fijando precios a espaldas del mercado. Esta operativa no es nueva, ya se intentó en ciudades como Berlín o París en donde el fracaso fue estrepitoso y finalmente disparó el precio de los alquileres porque los propietarios sacaron del mercado miles de viviendas y, ante la escasez, se dispararon los precios.


Estoy convencido de que el PSOE no hubiera planteado esta ley, pero es sabido y conocido que Sánchez es rehén de Podemos con 34 escaños, de ERC con 13 y de Bildu con 5 y también es conocido el desprecio a la propiedad privada que anidan estas fuerzas.


Todo esto en un país cuyos ciudadanos nos hemos pasado media vida pagando hipotecas para crear nuestro hogar, nuestro “castillo” para dejárselo a nuestros hijos para que empiecen una vida. Mientras se castiga a los propietarios se protege a los ocupas. La propiedad privada está amenazada pero la tómbola sigue premiando, el PNV lo sabe y exigirá su premio.

España es una tómbola