‘Avanti tutti’ con Pedro Sánchez

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La verdad es que no tengo muy claro que ‘avanti tutti’ tenga un solo significado en su traducción al español: desde ‘vamos todo el mundo’, hasta ‘venid por aquí, chicos’, he encontrado numerosas versiones en los diccionarios. Todas se aplican al momento que vive Sánchez, el hombre mimado por la fortuna y que ve segura la aprobación de los Presupuestos. Sospecho que a Sánchez incluso le van a sobrar votos. Luego ya veremos si estas cuentas del Estado se ajustan a la realidad, pero, por lo pronto, calcula que podrá tener el voto favorable de 176 escaños... sin contar con los de ERC, que con bastante probabilidad los apoyará tambié.


Además, Sánchez sabe cómo gastar el dinero, en bonos, cheques-vivienda o lo que sea: los caladeros de votos de jóvenes, pensionistas y funcionarios pueden sentirse tratados en estos Presupuestos de manera halagüeña por el Ejecutivo de coalición, Una coalición, por cierto, donde las desavenencias son una mera cuestión cosmética, que tanto a PSOE como a UP conviene. Así, Sánchez encara el ecuador de la Legislatura con muchos menos sobresaltos que el azaroso comienzo, y a esta ‘pax monclovita’ contribuye no poco el hecho de que Pablo Iglesias ya no esté en el Gobierno. Su reemplazo, Yolanda Díaz, es harina de otro costal, al menos a corto plazo.


De momento, y casi por primera vez en su historia, el PSOE es una balsa de aceite, donde no cabe ni imaginar la menor disidencia. Cierto que, tras haber sido defenestrado de Ferraz casi literalmente hace cinco años, Sánchez se las ha arreglado para controlar, desde un presidencialismo y un personalismo absolutos, un partido que se dirige hacia la celebración de su 40 congreso, sin duda el más ‘tranquilo’ que se haya conocido jamás. Los disidentes han quedado machacados, minimizados, olvidados o integrados. Y, si no, véase a Susana Díaz, sin ningún futuro político, sentada en su escaño del Senado.


¿Qué más puede desear un hombre cuya principal ambición es seguir en el poder, sin mayores trabas y viendo pasar desde su palacio en la Cuesta de las Perdices los cadáveres de sus enemigos, máxime cuando donde realmente pasan apuros parece ser en la oposición que capitanea su aborrecido Casado, digan lo que digan las encuestas? Por lo pronto, si Casado quiere ser presidente del Gobierno alguna vez que espere todavía unos años y arregle lo suyo con Vox, comentan, despreocupadamente, los monclovitas. Son muchos los que creen que las ‘soluciones a la alemana’, con acuerdos transversales, son mejores que los ‘pactos Frankenstein’, como los definió Pérez Rubalcaba, una persona que quizá, de haber seguido viva, encarnaría una seria oposición interna a Sánchez. Pero hoy, los principales obstáculos para el buen y plácido sueño presidencial son apenas los jueces -muchos jueces--, los periodistas --no todos, naturalmente-- y los riesgos imprevisibles, como lo que hipotéticamente pudiera ocurrir con el regreso de Juan Carlos I a España.


Aparte, claro, de esa situación de injusticia social que, como por ejemplo acaba de hacer Cáritas, denuncia una nutrida exclusión como mal ya casi secular en el país. Pero, claro, Sánchez no está para resolver males seculares si no es con recetas muy parciales y rentables electoralmente a corto. Y en cuanto a lo imprevisible, ¿qué puede importarle a un hombre a quien la suerte nunca le ha fallado lo que pueda depararle el ‘fatum’? Así que ‘avanti tutti’ a toda máquina... ¿hacia dónde? Bueno, eso, como en ‘Lo que el viento se llevó’, ya lo pensaremos mañana.

‘Avanti tutti’ con Pedro Sánchez