La erupción del volcán no cesa tras catorce días y los vecinos ven imposible la normalidad

Vista del volcán de Cumbre Vieja, que continúa su actividad | MIGUEL CALERO (Efe)
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La erupción volcánica en Cumbre Vieja, La Palma, continúa, cuando se cumplen catorce días de su inicio, con la misma actividad y sin señales de que vaya a concluir pronto mientras los vecinos de los tres municipios cercanos, El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte, intentan, sin éxito, recuperar la normalidad perdida.


“Es un sinvivir” afirmaba ayer una vecina, que estuvo confinada en su casa del barrio de San Borondón (Tazacorte) por la proximidad a la zona de la costa donde la lava cayó al mar, formando un penacho marino con gases tóxicos. Los vecinos de esta población, junto con Marina de Arriba, Marina de Abajo y La Condesa, pudieron salir ayer del confinamiento al igual que otros núcleos poblacionales, que desde el viernes permanecían confinados por el empeoramiento en la calidad del aire. Esta situación estuvo auspiciada por una inversión térmica que ralentizó la llegada de los vientos alisios y permitió que las nubes con los componentes contaminantes que provocó la colada de lava al quemar invernaderos y productos fertilizantes, no se diluyeran.


Ya sin la orden de confinamiento, aunque con la alerta de que esta situación se puede repetir, los vecinos intentan recuperar una normalidad imposible por, entre otros motivos, las explosiones, las cenizas o el rugir continúo del volcán.


Este no para su actividad eruptiva y los científicos no ven signos de un pronto fin del proceso eruptivo, aunque reconocen que aún faltan datos que puedan determinar cuánto tiempo va durar.


Actividad explosiva

Los especialistas del Instituto Geográfico Nacional explican que el volcán prosigue con su actividad estromboliana, más explosiva, que se simultanea con una fase más efusiva, en la que emerge mayor cantidad de material magmático.


Además no descartan que se abran nuevas bocas eruptivas, como las dos que se abrieron el viernes y que provocaron una colada que entró en contacto con la colada primigenia pero que sigue monitorizada para estudiar su avance. La lava ya afectó a 1.005 edificaciones, de las que 880 quedaron destruidas y 105 están muy dañadas o en riesgo de destrucción, según los datos del sistema de satélites de vigilancia terrestre Copernicus, que también cifró en 3.304 hectáreas la superficie ocupada por la ceniza del volcán. Mientras, la colada de lava que cayó al mar sigue fluyendo de forma constante y creó una fajana (un canarismo que la RAE define como “terreno al pie de laderas o escarpes, formado comúnmente por materiales desprendidos de las alturas que lo dominan”) que ocupa ya una superficie de 27,7 hectáreas marinas, con una profundidad de 35 metros. El dispositivo que trabaja en esta erupción, más de mil personas sobre el terreno, sabe que lo que sirve para hoy no lo es para mañana, según manifestó el jefe de los servicios de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, Federico Grillo, que reconoce que se trata de una emergencia nunca vista por un operativo.


También las Administraciones, ante esta situación excepcional, pusieron en marcha los trámites para que los afectados puedan recibir cuanto antes las ayudas y hoy le ha correspondido a la Consejería de Derechos Sociales del Gobierno de Canarias que ha anunciado que ha liberado una primera ayuda de unos 1,2 millones para los servicios sociales de los municipios afectados por la erupción. 

La erupción del volcán no cesa tras catorce días y los vecinos ven imposible la normalidad