Alfonso Guerra ve la mesa de diálogo como "un fingimiento" del que no saldrá nada

El ex vicepresidente del Gobierno de España, Alfonso Guerra, interviene en el Foro Adea, esta mañana en el hotel Hiberus de Zaragoza. EFE/ TONI GALÁN
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El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra (PSOE) ha descrito este martes en Zaragoza la mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat de Cataluña como “un fingimiento”, ha recalcado que él no acudiría a esas reuniones y ha vaticinado que de esa negociación no saldrá nada.


Y sera improductiva porque más allá de que “probablemente” se ceda “en una cuestión de recursos económicos”, los nacionalistas saben que, en cuanto a autodeterminación y amnistía, el Gobierno de España “no puede de ninguna de las maneras concederlas”, ha dicho.


Guerra ha hecho estas declaraciones a los medios de comunicación después de participar en el Foro de la Asociación de Directivos y Ejecutivos de Aragón (ADEA), al que han acudido personalidades como el presidente del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, al que ha manifestado su cariño.


El expresidente ha augurado que "el bipartidismo volverá porque era mejor que esto”, en referencia a la actual situación política del pluripartidismo en España, y ha defendido la Constitución ante los ataques que observa en el panorama político actual.


“Hay que preguntarse y responder con la mano en el corazón: ¿El Parlamento actual es mejor que el que era bipartidista? No es posible contestar que sí”, ha enfatizado en su discurso el exvicepresidente.


Sobre una reforma de la Carta Magna, ha admitido que serían “muy convenientes” algunos cambios, pero “en ningún caso” aboga por “una revisión total”.


Por lo que sí ha abogado es por la “colaboración” entre los partidos democráticos y se ha mostrado preocupado al observar “cómo los que son considerados como partidos constitucionales se afanan en lograr acuerdos con los que no lo son”.


En ese sentido, ha apuntado como una situación que podría tener consecuencias “funestas” que los partidos “del espacio de centroderecha y de centroizquierda se empeñan en mejorar la imagen de los grupos contrarios al sistema, cada uno al que tienen más próximo, así que los partidos de centro, en sentido general, promocionan a los extremos”.


Tras su discurso, Guerra ha recordado que una “ocasión muy buena” para esa colaboración fueron las elecciones de abril de 2019, cuando “dos partidos democráticos sumaban 180 diputados", pero "ninguno de los dos quiso hacer una alianza”.


También se ha mostrado crítico con las primarias con las que los partidos, incluido el PSOE, eligen a sus líderes, y las ha considerado “plebiscitos” con “graves consecuencias” que derivan en "cesarismos”.

Precisamente, Guerra también se ha referido al presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, y al jefe de la oposición, el popular Pablo Casado.


Al primero le ha aconsejado “que no haga caso de ningún consejo” y “de nada de lo que le digan” quienes ha calificado como “todos esos gurús que se dedican a la imagen”.


Sobre Casado, ha afirmado que “no parece que sea una persona de relevancia”, a la vez que ha evaluado que “lo tiene complicado” con los “colmillos” que hay en los partidos, “en el PP, en especial”.


Preguntado por los medios, también se ha referido a la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) para afirmar que el acuerdo para llevarlo a cabo le parece “fácil” y consistiría en “sentarse en la mesa y poner nombres”, de manera que “si algunos no se aceptan, poner otros” hasta llegar a aquellos que sean “aceptables”.


Sin embargo se ha mostrado partidario de que se mantenga el sistema de elección actual, en el Parlamento en el que reside la "soberanía popular", y no por los jueces que “son 6.000 personas que han ganado una oposición”.


Por último se ha referido a la situación de Juan Carlos I y ha indicado que resulta “decepcionante” que un rey “que ha tenido una trayectoria extraordinaria se vea ahora mezclado en un asunto económico”, aunque ha añadido que, aun suponiendo “que sea verdad todo eso”, no podría “eclipsar” sus méritos como Jefe del Estado. 

Alfonso Guerra ve la mesa de diálogo como "un fingimiento" del que no saldrá nada