¿En el nombre de quién Yolanda?

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Sus intervenciones más destacadas en el parlamento gallego se referían, todas, a acusar a Feijoo de querer irse a Madrid cuanto antes porque, según ella, Galicia le importaba un pimiento, supongo que de Padrón. Lo cierto es que en cuanto pudo colocarse hizo la maleta a toda velocidad para instalarse en la capital del Reino olvidando su declarado amor a Galicia y ante la sonrisa generosa del presidente Feijoo que vio como Yolanda pecaba de lo que a él le acusaba. Lo hizo como diputada por La Coruña, cuando a Podemos le iba bien y huyó como cunera a Pontevedra cuando adivinó los nubarrones que acechaban a la formación morada.


Sin rubor alguno, hurtó un escaño a los pontevedreses para sentarse de nuevo en el parlamento de Madrid y no se le conoce ninguna intervención o acción en favor de la provincia que le regaló su acta de diputada. Tras traicionar a Beiras se fue colocando a la sombra de Pablo Iglesias hasta que este la hizo ministra y, tras la espantada de Iglesias, se sintió libre para volar incluyendo un cambio de look que la transformó de progre-pija en pija a secas. No pertenece a Podemos, ni al Psoe, presume de su carnet del Partido Comunista de España a quien no votó nadie y se permite el lujo de prologar un libro haciendo elogios del sistema comunista, ideología que avaló millones de muertes y aún hoy mantiene dictaduras sangrientas en algunos países del mundo. Pero, a pesar de todo esto, Sánchez la ascendió a vicepresidenta del gobierno y la convirtió en un gigante, eso sí, con pies de barro. Las mujeres que ahora manejan Podemos no la quieren y mucho menos tras la pretendida imposición del macho Alfa Pablo Iglesias que, en su escapada, quiso dejarle la herencia de Podemos. Ahora Yolanda va por libre, no tiene partido que la arrope y por lo tanto tampoco debe dar explicaciones a nadie y nadie le puede pedir 

cuentas ¡un chollo!


Eso sí, llenó de sueldos a sus amigos de su época de abogada sindicalista y vive en un limbo político que la lleva surfeando a ser valorada en las encuestas como una de las mejores ministras aún cuando fue incapaz de explicar lo que eran los Ertes y oculta tras su sonrisa forzada su intolerancia en las negociaciones con los interlocutores sociales, sobre todo con los que no son de su cuerda. Su valoración regalada por la demoscopia es una bofetada a sus compañeros ministros y ministras. Pero el tiempo pasa y las elecciones se acercan, Yolanda no tiene encaje partidario más allá del PCE y por eso pretende montar un maremágnum de siglas para liderar una plataforma que le mantenga el escaño, aunque para ello tenga que diluir a Podemos y dejarse querer por el PSOE.


A ella no parece importarle la marca, Podemos, Izquierda Unida, PCE, Esquerda Galega….¡lo que haga falta! Llegará el momento de preguntarle qué ha hecho por Galicia, por su Ferrol querido o por Pontevedra desde su vicepresidencia del gobierno y esperar a ver si las próximas elecciones será candidata por La Coruña, Pontevedra o Madrid, aunque seguro que no le haría ascos a ser diputada por Guadalajara si hiciera falta. Pero por encima de todo, debe responder a una pregunta: ¿en nombre de quien habla y actúa esta vicepresidenta de Sánchez?

¿En el nombre de quién Yolanda?