Diego Calvo, el éxito discreto

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Hace tiempo que vengo siguiendo la trayectoria de este joven y experimentado político. Reúne las condiciones que el siglo XXl debe de exigir a toda persona que se quiera dedicar a la cosa pública y lo hace desde el trabajo incesante y pertinaz que exige el compromiso con un proyecto político y añade, además, una condición extra que no todos sus colegas entienden ni practican: su discreción supera en ocasiones lo razonable. Los éxitos del PP en la provincia de La Coruña, cosechados bajo su mandato, avalan los resultados de su gestión, pero difícilmente lo verán forzando esas fotos que tanto gustan a otros políticos que pretenden medir sus éxitos en centímetros de fotografías publicadas en los medios. Su paso por la presidencia de la Diputación coruñesa dejó un rastro de transparencia que hoy se echa de menos y supo diferenciar la política partidaria de la institucional cosa que, en alguna ocasión le costó algunas explicaciones a sus compañeros de partido. Su responsabilidad incluía a todos y cada uno de los ayuntamientos de la provincia más allá del color político que tuvieran y así, sin traicionar sus principios, administró con equidad los recursos del organismo provincial. Viene esto a cuento porque Calvo renovará su cargo de presidente provincial de La Coruña en las próximas semanas tras haber conseguido 2025 avales de los afiliados y convirtiéndose así en el único candidato que opta al cargo. Una vez más, la discreción y la humildad envuelven su triunfo y, además, hizo algún anuncio que merece la pena ser destacado. Entiende Calvo que su partido debe abrirse más a la sociedad y no mirarse al ombligo, la capilaridad que el PP tiene en la provincia le garantiza la cercanía a los líderes sociales de todos los ayuntamientos y él sabe que para recuperar ayuntamientos y la diputación hay que sumar, dejando atrás rencillas y rencores que otrora supusieron pequeñas, pero significativas, fisuras que hicieron perder valor a los votos de su partido y facilitaron el acceso al poder de sus adversarios. Cuando existe un proyecto común y compartido, las diferencias han de lidiarse desde el diálogo y el entendimiento y solo desde la unidad se puede optar a grandes objetivos. Si a esa unidad le sumas caras nuevas que llegan desde fuera de la política, no solo mejora la calidad de la clase política, si no que se oxigena el ambiente y ganas cercanía, muy necesaria por cierto, en estos momentos en que la ciudadanía se siente tan lejos de los políticos. Hombre de lealtad contrastada con el presidente Feijoo y con su partido, asume en este nuevo mandato la gran responsabilidad de recuperar posiciones perdidas como la diputación o ayuntamientos como La Coruña, Ferrol op Santiago. Tiene un gran reto por delante. He coincidido con él dos o tres veces en mi vida y debo decir, a riesgo de equivocarme, que es un hombre que inspira confianza, una de esas personas a las que se le puede comprar un coche de segunda mano. El futuro de la política que merece la pena, pasa por personas como Diego Calvo y, desde ya, ofrezco mis oraciones para no equivocarme. ¡Suerte y acierto!

Diego Calvo, el éxito discreto