El consumo de agua por habitante en A Coruña cayó cerca de un 23% en los últimos quince años

La estación de tratamiento de agua potable de A Telva lleva funcionando desde hace 70 años
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El verano, con la reducción de las reservas de embalses como Cecebre, sirve para recordar la importancia de los recursos hídricos, y la necesidad de conservarlos para que cada vez que se abra un grifo, siga saliendo agua de él, un hecho tan común como vital. Lo cierto es que en los últimos años, A Coruña no ha dejado de ser más eficiente en el consumo del agua, llegando a reducirse en un 23% el número de litros que consume cada habitante a diario: de 269 en 2002 a 204 el año pasado.


En realidad, el descenso se estancó en 2013, cuando se llegó a los 205 litros por habitante. Desde entonces, no ha dejado de fluctuar, pero siempre sin bajar de los 200 litros por habitante y día. Según la Empresa Municipal de Aguas de A Coruña (Emalcsa) son varias las causas de este descenso. La principal es un uso racional del agua por parte de la población, dado que parece que en los coruñeses ha calado el mensaje de que es necesario ahorrar el agua como recurso limitado y precioso que es. No solo los particulares en sus hogares se aseguran de cerrar bien los grifos, también las industrias. Es una práctica, la del ahorro que se ha fomentado tanto por las campañas de concienciación ambiental como por las estructuras tarifarias que penalizan los consumos excesivos. Incremento en la tecnificación. A esto hay que añadir la eficiencia en los sistemas de abastecimiento, que han reducido las pérdidas de agua en la red.

Es difícil apreciarlo, excepto cuando se revienta una tubería, normalmente debido a que la pala excavadora de una obra golpea descuidadamente una canalización, pero bajo los pies de los coruñeses kilómetros de tubería conducen constantemente al agua. Nada menos que 565 kilómetros, de los cuales el 78% corresponde a tubería de fundición dúctil.


A mediados de los años 90 se inició en Emalcsa un proceso de renovación en la red de distribución, y que todavía continúa a día de hoy. Dicho proceso consiste en la sustitución de las conducciones más antiguas, generalmente de hormigón y fibrocemento, por otros de materiales con mayores prestaciones y durabilidad, como la fundición dúctil. Con estas medidas el porcentaje de fundición dúctil ha pasado del 60% al 78% actual, lo que implica un sistema de distribución con una mayor garantía de suministro al reducirse considerablemente las roturas fortuitas, alcanzando ratios inferiores a 0,20 roturas por kilómetro. Dicho así, no significa nada para los no iniciados, pero se encuentra por debajo del valor de 0,40 roturas por kilómetro recomendado por el Ministerio de Medio Ambiente.


Mejoras energéticas

En los próximos años, Emalcsa piensa mantener esa misma línea para reducir las averías y, por tanto, las fugas en las redes de distribución. También es un aspecto importante la mejora de la eficiencia energética que, según señalan desde Emalcsa, el objetivo es realizar una serie de actuaciones que permitan avanzar hacia el “óptimo aprovechamiento de las capacidades energéticas y generación para autoconsumo”, como señalan desde la empresa municipal.


Hay que señalar que el balance hídrico del agua embalsada no se ha reducido a lo largo de los últimas dos décadas, aunque registró considerables oscilaciones. El año pasado el embalse de Cecebre albergó 183.490 metros cúbicos de agua, una cantidad que se halla, aproximadamente, en la media de otros años.

El consumo de agua por habitante en A Coruña cayó cerca de un 23% en los últimos quince años