Ni la zona 30 ni la pandemia lograron reducir los atropellos

Una víctima de atropello en un accidente de la semana pasada
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Durante la semana pasada se registraron varios accidentes de tráfico, uno de ellos grave, lo que puede achacarse al regreso de la movilidad, del incremento de la gente que se echa a la calle para disfrutar del aire libre y transita por esa zona siempre insegura que constituyen la acera y la calzada. Sin embargo, 2020, a pesar de que pasará a la historia como uno de los años con menos movilidad registrada, no estuvo exento de accidentes de tráfico. De hecho, llegó a la cifra redonda de 100 accidentes registrados, una cifra mayor que la de 2019 (90) y no muy alejada de años como e 2018, cuando se registraron 139 .

Esta cifra pone de manifiesto la vulnerabilidad del peatón, cuyas cifras de siniestralidad son las más difíciles de reducir a pesar de la política de peatonalización del Gobierno, que durante el año pasado comenzó a cerrar calles al tráfico, algunas de zonas muy céntricas como la plaza de Lugo para devolverle el espacio público al peatón. Como siempre, las principales víctimas de los atropellos son los mayores, sobre todo a partir de los 79 años, aunque el 90% de los casos no fueron graves.

En ese sentido, tampoco la zona 30 parece haber tenido una gran influencia a la hora de proteger a los transeúntes. Es cierto que el nuevo reglamento de circulación que sitúa en las calles de las ciudades españolas el límite de velocidad por defecto en 30 kilómetros por hora se implantó en mayor de este año, pero en A Coruña se había adelantado casi un año. Precisamente, porque una de las principales razones era que reducir la velocidad suponía aumentar la seguridad de los peatones (la a otra es reducir la contaminación).

Quizá la explicación se encuentre en que las calles con más siniestralidad son grandes arterias en las que se mantienen la velocidad a 50 kilómetros por hora, como es el caso de la ronda de Outeiro, que sigue en cabeza desde hace años en lo que se refiere a siniestralidad. El año pasado se contabilizaron 61 accidentes en esta larga vía, que atraviesa la ciudad.


Reducciones


En todo caso, la pandemia sí ha servido para romper el estancamiento en la siniestralidad que A Coruña llevaba arrastrando en los ultimos años, que se mantenía en torno a los mil siniestros al año registrados por la Policía Local (que no incluye los accidentes que se resuelven con un simple parte amistoso). El pasado año esta cifra cayó hasta los 694 accidentes, lo que significa una reducción de algo menos del 30% con respecto a 2019. Esto, por supuesto, tiene su reflejo en el número de heridos, que fue de 336 durante el año pasado, mientras que en 2018, por ejemplo, había sido de 383.

También se han reducido las sanciones, pero no tanto como cabía esperar: las cámaras automáticas han seguido haciendo su trabajo, excepto cuando fueron desactivadas durante el confinamiento, y esa es la mayor fuente de multas para el Ayuntamiento. El año pasado se impusieron 39.080 multas, una reducción significativa si se las compara con 2019, cuando fueron 45.518, pero muchas más que en 2016, antes de activarse las cámaras, cuando solo hubo 28.021 

Ni la zona 30 ni la pandemia lograron reducir los atropellos