Las licencias de reforma de bajos comerciales en residenciales casi se doblaron este año

Los continúan siendo muy numerosos en A Coruña | patricia g. fraga
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Desde la crisis de 2008, se ha vuelto común descubrir en las calles de la ciudad negocios cerrados, luciendo a menudo durante años el cartel de “Se alquila”. Se trata de un problema que no tiene visos de solución, sobre todo a medida que internet está cambiando los patrones de consumo. Una salida para estos locales es reconvertirlos en viviendas. Es un proceso que comenzó en 2019 pero que se está acelerando, y en los primeros seis meses de este año se han concedido casi tantas licencias como en 2020.

La cifra exacta es de 23 licencias en la primer mitad de este año, mientras que en todo 2020 fueron 25. Urbanismo. En 2019 se habían concedido solo cinco licencias en los últimos seis meses de ese año. El principal obstáculo es que no todos los bajos son susceptibles de convertirse en viviendas: muchas veces no tienen la altura libre necesaria (2,5 metros), son demasiado pequeños, carecen de ventilación en todas las habitaciones, o la iluminación es un problema. Es necesario hacer una reforma. La historia que le cuentan los dueños de los bajos a los arquitectos es siempre la misma: “Tengo este local cerrado y veo difícil ponerlo en alquiler. Una vivienda tiene una salida mucha más rápida”. Sobre todo en un momento en el que el precio de la vivienda está tan alto en toda la ciudad.



Bolsa de establecimientos


Como parte del Plan de Reactivación Económica y Social (Presco) que el Gobierno local lanzó para tratar de paliar la crisis económica provocada por la pandemia con ayudas directas al sector privado, se elaboró un mapa de locales comerciales vacíos para crear una bolsa que facilite a los interesados acceder a uno de ellos.

El mapa se encuentra sin actualizar (a la espera que se lance el segundo Presco) pero las cifras son significativas: 77 en Os Mallos, 84 en la zona de Monte Alto, Atocha y Zalaeta. 115 en Cuatro Caminos y la plaza de A Cubela, 31 en Vioño, 19 en A Falperra, 50 en la Ciudad Vieja, etc.

Además del problema coyuntural, que ha supuesto la pandemia, el número de comercios en la ciudad también sufre de un problema estructural, como refiere la Empresa Municipal de Vivienda, Servicios y Actividades en su último estudio estadístico, que cifra el uso comercial plantas bajas de 9.751 inmuebles con una superficie construida de 1.349.860 metros cuadrados en la ciudad. Esto no engloba oficinas, establecimientos industriales ubicados en plantas bajas.

Considerando todos los espacios empresariales y de actividades integradas, se llega a la cifra de 14,25 metros cuadros por habitante de uso no residencial dedicado a actividades económica. El estudio advierte que “duplica a ‘ratio’ obxectivo para as cidades medias-grandes” que es de entre cinco y siete metros cuadrados de uso terciario, comercial y producto por habitante.



Hasta un límite


Es por esa razón que se espera que continúe con esta tendencia en los próximos años. La cuestión es hasta qué punto debe permitirse. “Estamos estudiando su incidencia para regular las proporciones de este cambio”, señalan desde el Ayuntamiento. Una calle dormitorio, en la que no haya negocios abiertos al público, se vuelve oscura por la noche y solitaria durante el día.

El primer intento de planificación se llevará a cabo con el plan de dinamización Rexurbe, que en estos momentos está redactando el área de Urbanismo. La Xunta adquirió siete edificios ruinosos en el centro, para rehabilitarlos y convertirlos en viviendas para jóvenes, y piensa seguir comprando edificios, siempre en la zona de Orzán y Panaderas. Pero el plan de dinamización permitirá determinar qué se permitirá hacer con los bajos o qué zonas se peatonalizarán.

Por eso la conselleira de Medio Ambiente e Vivenda, Ánxeles Vázquez, pidió celeridad al Gobierno local. A largo plazo, Urbanismo se plantea redactar un reglamento general. 

Las licencias de reforma de bajos comerciales en residenciales casi se doblaron este año