Entre la sombra y la duda

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Los españoles vivimos, desde hace demasiado tiempo, rodeados de incertidumbres, de inseguridades que nos inquietan y dificultan nuestras vidas. Es muy difícil convivir con nuestros hijos hasta más allá de los treinta años y sin atisbar futuro alguno para ellos. El porcentaje de paro juvenil es tan elevado que imposibilita su independencia e interpretan sus esfuerzos de formación como tiempo y dinero perdido. Con esta carga en su mochila, asisten incrédulos al éxito de analfabetos funcionales que triunfan en realities televisivos y se forran a base de telebasura que son una bomba contra la moral de nuestros universitarios parados. Es cierto que muchos de estos “frikis” acabarán como juguetes rotos en no mucho tiempo, pero lo es también que el daño ya está hecho. Cuando el mérito y el esfuerzo no se reconocen como valores y se premian atajos e impúdicas exhibiciones del “nadismo cultural”, la sociedad está condenada a la mediocridad y a la pérdida de talentos, un desastre de consecuencias imprevisibles. Tiene que ver esto, y mucho, con la política. Entre crisis que no acaban nunca y urgencias que soslayan lo importante, parece no quedar tiempo para dar forma a una hoja de ruta que corrija esta deriva, es como si los gobernantes se resignaran a abandonar a nuestros jóvenes y a dejar que corran su suerte como quien fía su éxito a un premio de lotería que no valora meritocracia alguna. Cuando no hay fondos para crear empleos se destinan millones de euros a rescatar aerolíneas desconocidas, cuando no hay oportunidades se ofrecen subvenciones del estado para anestesiar aspiraciones y cuando no se pueden pensar proyectos de vida se justifican paguitas que buscan someter a los ciudadanos a la dependencia del papá estado. Los jóvenes no pueden esperar a que algo pase, decía Pedro Rodríguez, periodista gallego prematuramente desaparecido, que en España “pasa todo, pero pasa tarde” pero en una actualización de su aserto, podríamos añadir que “demasiado tarde”. Si un joven no encuentra empleo hasta más allá de los 40 años difícilmente podrá tener una pensión digna el día de mañana. Cuando los abuelos han de mantener a sus nietos con sus reducidas pensiones, se están rompiendo todos los equilibrios, complicando presentes y desdibujando futuros. Estas son las sombras que se ven agravadas con las dudas. Las dudas sobre los aciertos de aquellos que nos dirigen, que toman decisiones que nos afectan a todos y que lo hacen desde la prepotencia del poder. Ellos no parecen tener dudas, se sienten en posesión de la verdad y parece darles igual que no los entendamos. Dicen una cosa y su contraria con tal naturalidad que nos ruborizamos todos, todos menos ellos. Se han instalado en una realidad paralela que no coincide con la nuestra. La distancia entre gobernados y gobernantes es enorme. Sus certezas son nuestras dudas. Solo me queda recordar a Charles Bukowski:” el problema del mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que los estúpidos están llenos de confianza”.

Entre la sombra y la duda