Despedirse de quien uno quiere

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a todos nos gusta poder decidir sobre nuestra vida y, paradójicamente, nuestro último adiós es algo que casi siempre se escapa a nuestro control. Con el clásico “ahora ya no le va a importar” se reza ante féretros de ateos, se organizan velatorios a quienes renegaban de ellos y se reúnen afectadísimos familiares y conocidos que pintan entre poco y nada en esa fiesta. Normal que haya quien deje por escrito, en su esquela, el nombre de los únicos invitados a su despedida. La lucense que deseó a los que nunca se preocuparon por ella en vida que sigan igual de lejos seguro que descansa más en paz. FOTO: Un cortejo Fúnebre | EFE

Despedirse de quien uno quiere