Los silencios, en ocasiones, son imperdonables

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Mientras Felipe VI hablaba de unidad frente al coronavirus, miles de ciudadanos golpeaban cacerolas en sus ventanas. Se trataba de una protesta espontánea ante el nuevo escándalo que ha sacudido a la Casa Real. De nuevo se trata del rey emérito, pero en esta ocasión no hay un elefante medio de por medio. Es cierto que uno de los protagonistas centrales de ambas historias es el mismo, Corinna, pero el fondo es muy distinto. En esta ocasión se trata del cobro de millonarias comisiones a cambio de la construcción del AVE a La Meca y todos sabemos que Don Juan Carlos tenía mucho predicamento por aquellos pagos. Felipe VI, que ya le sacó la asignación oficial a su padre y que renunció a su herencia en un gesto sin precedentes no dedicó ni un solo segundo de sus poco más de seis minutos de alocución al escándalo internacional desatado. Es posible que haya sido un grave error. En ocasiones a los ciudadanos les llega con una explicación razonable y creíble, pero la ocultación o el silencio, a veces, son imperdonables. FOTO: Una persona participa en la cacerolada durante el mensaje del rey | efe

Los silencios, en ocasiones, son imperdonables