La alerta amarilla causa casi 20 inundaciones y desborda a los bomberos

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La ciudad vivió ayer su jornada más complicada en mucho tiempo cuando el agua se convirtió en un obstáculo al que tuvieron que padecer tanto conductores como peatones, sin contar a los servicios de emergencia, que durante toda la tarde se encargaron de hacer frente a las inundaciones que se registraron. Las calzadas anegadas y los túneles convertidos en acueductos obligaron a la Policía Local a cortar el tráfico por numerosos puntos y complicaron aún más la circulación en un día en el que el tiempo invitaba precisamente a desplazarse el coche: Alfonso Molina, Pocomaco, Linares Rivas, Salgado Torres... Se volvieron intransitables enseguida. A media tarde la lluvia caída acumulaba ya 41 litros de agua por metro cuadrado, los efectivos no daban abasto y la Concejalía de Seguridad Ciudadana se veía obligada a reforzar el dispositivo para atender a las cerca de 20 intervenciones que salpicaron al jornada.
\“El problema fue la pleamar, que coincidió con la lluvia\”, explicaron fuentes de los servicios de emergencia. Los meteorológicos ya habían avisado de una lluvia intensa a lo largo de la jornada de ayer, pero las precipitaciones se retrasaron y hasta pasadas las tres de la tarde no empezaron a caer con fuerza. Al mismo tiempo, la mar de fondo comenzaba a empujar el agua hacia las bocas de los desagües. La presión creciente obligó a la lluvia recién caída a salir al exterior por donde había venido, provocando las enormes balsas de agua que surgieron por todo el centro de la ciudad, mientras que las zonas más altas, como el barrio de O Castrillón o la Sagrada Familia, se libraban de lo peor.
Pero varios bajos de Los Cantones se inundaron, incluido edificios tan emblemáticos como la sede del Banco Pastor o la tienda Mango, en la calle Real. Joaquín Cortaredo, los párkings de A Palloza y Los Cantones, el callejón de la Estacada, Alameda, Menéndez Pelayo... La calle río Monelos hizo honor a su nombre y también se anegaba. Mientras, las arterias principales quedaban bloqueadas en puntos estratégicos como el túnel de la avenida de Salgado Torres y el de Casa Blanca, que quedaron anegados a media tarde. A las cinco y media, la Policía Local echó el cierre al viaducto subterráneo de Salgado Torres, aunque solo en sentido salida de la ciudad, y no pudo reabrirse hasta tres cuartos de hora más tarde.

carretera a pocomaco
Otro punto vital, el acceso a Pocomaco desde Alfonso Molina, se convirtió en una trampa para los conductores cuando parte de unas obras recién finalizadas se vinieron abajo ante la presión del agua. \“Primero se cortó un carril de la carretera, a las cuatro y media de la tarde y a las cinco y cuarto, se cortó totalmente\”, explicaron fuentes de la Policía Local.
El resultado fue que la propia avenida de Alfonso Molina se vio afectada en plena hora punta, cuando los carriles en dirección salida estaban llenos de vehículos que avanzaban lentamente a un ritmo muy inferior al que se movían los parabrisas. Los agobiados agentes de la Policía Local tuvieron que cortar el acceso para tratar de disminuir el atasco que ya llegaba hasta la fuente de Las Pajaritas. El mismo polígono se vio afectado por las inundaciones y hubo que cortar un carril hasta las siete y media de la tarde.
A las seis, el nivel de emergencias y el del agua habían alcanzado su punto máximo, llegando a cubrir en algunos puntos, como la esquina de la calle de Ronda de Outeiro con la avenida de Primo de Rivera, donde se encuentra la Casa del Mar. Allí, la lluvia embalsada rozaba ya las papeleras situadas en los postes mientras la pleamar seguía empujándola a través de las canalizaciones de pluviales al exterior. Pero la frenética labor de achique de los bomberos consiguió paliar las consecuencias del temporal. A las seis de la tarde, apenas una hora y media después de que se hubiera declarado las primeras inundaciones, el túnel de Salgado Torres y de Casablanca volvían a estar abiertos a la circulación, aunque las autoridades insistían en aconsejar al público que, si podía, se desplazara a pie por las calles inundadas por cuyas calzadas los coches se movían lentamente desplazando olas a su paso.

vehículos inmovilizados
En algunos casos, la profundidad de los charcos resultó excesiva, como en Matogrande, donde un turismo quedó atrapado al intentar atravesar un gran charco de agua y su conductor tuvo que salir por sus propios medios del vehículo inmovilizado. Esa escena se repitió en alguna ocasión, tanto fuera como dentro del área metropolitana. Al otro lado del puente de A Pasaxe, la alerta amarilla también se dejaba sentir en el área metropolitana: a la altura del radar de la N-VI, en Perillo, se quedaron inmovilizados cuatro coches por culpa del agua a las seis de las tarde en el tramo de entrada a Santa Cristina. Al final, los bomberos, después de muchos trabajos para localizar el punto exacto, consiguieron abrir un registro y achicar agua, justo cuando las colas de tráfico prácticamente llegaban a O Seixal. De hecho, os bomberos tuvieron que llegar a la zona por la Tercera Ronda porque la zona permaneció cortada dos horas.
Pasadas las seis de la tarde y con la pleamar en retirada, el número de intervenciones comenzó a bajar y el teléfono de bomberos dejó de sonar constantemente anunciando más emergencias. Sin embargo, quedaba por afrontar otro elemento, el viento, del que se esperaba arreciera a medida que avanzaba la noche. Al cierre de esta edición, no se habían registrado incidencias.

La alerta amarilla causa casi 20 inundaciones y desborda a los bomberos