El “baronazo”

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Puede que el papel que juegan los ‘barones’ territoriales, y me refiero sobre todo a determinados presidentes autonómicos, sea demasiado escaso en lo que se refiere a la política nacional en su conjunto. La mayor parte de ellos son ‘pesos pesados’ de la política, gente asentada en los votos de sus ciudadanos que gusta poco de ser manejada por sus jefes políticos desde Madrid. Y empiezan, de momento en voz baja, a hacerlo saber.


Varios de los más importantes de estos ‘barones’, del PSOE y del PP, algunos de los cuales se las han tenido tiesas con las direcciones en Génova, Ferraz o en la propia Moncloa, piensan en un golpe de timón, se telefonean hablando de la necesidad de ‘pactos transversales de Estado’. Y, de acuerdo con informaciones que empiezan a filtrarse en diversos medios, se dicen hartos de que la política madrileña se mire el ombligo y la catalana ni siquiera sea capaz de mirarse a sus propios ojos, tal como está quedando de manifiesto con los desacuerdos en el propio campo independentista.


En conversaciones por el momento informales, algunos de estos ‘barones’, como el gallego Núñez Feijóo, el castellano-leonés Fernández Mañueco, el castellano-manchego García-Page, el aragonés Lambán, el andaluz Moreno o el extremeño Fernández Vara, como los más destacados, parecen considerar necesario un ‘reequilibrio’ del Estado.


No existe, de momento, un documento en el que todos los citados, acaso más otros como el presidente valenciano Ximo Puig, expresen algunas reivindicaciones. Pero tales reivindicaciones existen: por ejemplo, disminuir el ‘centralismo madrileño’ y llegar a pactos políticos de envergadura no solo en materia sanitaria, judicial --la reforma del Consejo del Poder Judicial, para empezar-- y económica; también se aspira a reformas netamente políticas, como la de la Administración central y el propio funcionamiento de la Conferencia de Presidentes autonómicos. Uno de ellos, con quien hablé recientemente, reconocía que hay que ‘mejorar la coordinación entre nosotros’, sin esperar a que la ‘coordinación nos venga dada por La Moncloa’.


El reparto de los fondos europeos (aún, claro, por llegar), en el que el Gabinete de la Presidencia del Gobierno, encarnado en el grupo que capitanea Iván Redondo, tiene facultades para hacer y deshacer, ha sido uno de los factores de reacción para los ‘barones’ y otros líderes políticos regionales. Y no cabe excluir en este apartado al propio PNV y a Ajuria Enea, que quiere hacer oír su propia voz, la de Iñigo Urkullu, en este (des)concierto.


Destaca en este contexto el deseo, no bien coordinado todavía, del PP por abrir una nueva etapa en el propio partido, lo que se plasma en las frecuentes llamadas del presidente de la Xunta gallega en favor de un “cambio de ciclo” en el proyecto del PP. En el PSOE parece haberse abierto una etapa de reflexión tras el que ya se admite abiertamente como ‘varapalo nacional’ plasmado en la votación en la Comunidad de Madrid. La precipitada convocatoria de elecciones primarias en el socialismo andaluz es una muestra, dice un dirigente antes ‘susanista’ (De Susana Díaz), de que el partido y el Gobierno central buscan un ‘reequilibrio’ interno en un PSOE que forzosamente tendrá que pactar consigo mismo de cara a la gran convención nacional de octubre.


Seguramente, aunque sea desde luego muy importante, no todo en la política española es la ‘vacunación, vacunación, vacunación’ que cotidianamente predica Pedro Sánchez. No solo de vacunas vive, va a vivir, este país. Y Sánchez, por supuesto, lo sabe. Otra cosa es que vaya a actuar en consecuencia.

El “baronazo”