Comercio y hostelería

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Ambos sectores van unidos en el término económico, ya que uno arrastra al otro en la confluencia de gente a sus espacios de compras y ocio, con la salvedad de que a estas alturas de la película que padecemos, el primero cumple a rajatabla las reglas sanitarias y todo el mundo respeta su entrada en el recinto de compras con la mascarilla puesta. A nadie se le ocurre cuando hace acto de presencia en un establecimiento a comprar alguna mercancía, retirar la mascarilla y entrar a su interior sin ella, o estando en su interior hacer ese mismo gesto y permanecer sin ella haciendo las compras. Todo un gesto de urbanidad hacia los empleados y demás gentes que hace uso de esas instalaciones en sus respectivas compras, que alivia al consumidor y le hace más proclive a realizar su acto de adquisición con total garantía hacia su persona y también hacia los demás.


Lo curioso es el acto contrario que se observa en la hostelería y no es culpa de los hosteleros, sino de la dejadez de la propia persona que se interna en su interior, unas veces sin mascarilla, por haberla retirado a la entrada y en otras, al quitarla del rostro, una vez en su interior y acomodado, para iniciar su periplo de conversación, consumición o simplemente por capricho, estar sin el complemento de moda actual, la mascarilla.


Estos dos ejemplos de actitud entre unos y otros gremios, contrastan y afean la concordia entre quienes respetan en todo momento la convivencia ciudadana en los que portan la mascarilla, por sentido de responsabilidad hacia uno mismo y a los demás, sin olvidarnos que de momento la mascarilla, salva vidas, disminuye la presión a los sanitarios y los hospitales pueden atender al resto de la ciudadanía de los diferentes males que padecen. Si no, somos, capaces de mentalizarnos de que asumamos nuestra responsabilidad como humanos que somos. Es que no hay más cabeza.


Cuando no se tiene cabeza y no sé aprende nada, después de un año, en esta caótica situación, quiere decir que se tendrá que soportar sobre las espaldas, lo que no se hace con cabeza. No es difícil, ni cuesta trabajo alguno, respetar las distancias entre personas y tener la mascarilla puesta en todo lugar, para prevenir que el virus nos pueda alcanzar, nadie está exento de que pueda padecerlo, salvo que activemos los protocolos establecidos para evitar males mayores.


Hostelería, tiene un gran trabajo por delante para que sus clientes fijos y ocasionales, cumplan con el deber ciudadano de estar en el local protegidos con su mascarilla, retirarla, al momento de la ingesta y volver a ponerla, ese gesto, es sencillo y salva a los demás de un posible contagio. De lo contrario, estos locales en caso de una nueva oleada de la pandemia, que viene y va, tendrán que volver a cerrar, como ya lo han hecho hasta ahora, no hay milagros en esta pandemia, solo el respetar que se cumplan las normas higiénico-sanitario, para evitar el contagio.


Mientras la ciudadanía espera a que el periodo de vacunación siga su curso y con el tiempo, podamos hacer una vida normal, como se hacía antes, pero mientras tanto respetemos nuestras vidas. Y no salgan a la calle a fumar a las aceras en el paso de la gente en manada. Ahí está un importante foco de contagio.   

Comercio y hostelería