La actitud cuando el inquilino se llama Parkinson

En el centro del Barrio de las Flores se ofrecen distintos servicios y actividades, incluida fisioterapia | PAtricia G. Fraga
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El médico inglés James Parkinson describió por primera vez la enfermedad en 1817. Él nació en Londres el 11 de abril de 1755, y de ahí que éste sea el elegido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1997 para conmemorar el Día Mundial del Parkinson. Es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común en el mundo, solo por detrás del alzheimer. En A Coruña, afecta a unos ochocientos ciudadanos, muchos de ellos integrados en la Asociación Parkinson Galicia, donde atienden a unos noventa usuarios, algunos menos desde el inicio de la crisis del covid-19.


Dos de ellos comparten con El Ideal Gallego su experiencia y sus sensaciones en una año marcado por las restricciones, y advierten de las consecuencias de estos meses en su día a día: “esto nos ha retrasado, pero sabemos que la actitud es lo más importante y no podemos dejarnos avasallar ni por el Parkinson ni por el covid”.


Ángeles Ledo, coruñesa de Rubine y “supercoqueta”, hace más de diez años que acude a la sede del colectivo en A Coruña, situada en el Barrio de las Flores. Allí asiste a sus sesiones de logopedia y fisioterapia, aunque lo que más le gusta es caminar y crear en la cocina: “Antes del coronavirus solía traer bizcochos, rosquillas... La repostería es una de mis aficiones pero, como la partida con mis amigas, de momento tengo que aparcarlos, ya que no está permitido ni compartir dulces ni jugar a las cartas”, explica Ledo.


Manuel López Gerpe se desplaza cada viernes desde Santa Comba. “Aquí nadie te mira raro ni mal”, explica tras más de dos años como usuario y tres combatiendo el Parkinson. Entregado a sus manualidades, que se pueden contemplar en el centro a través de numerosos detalles, desmonta el mito de los temblores: “No siempre existen y en mi caso no son lo peor”, apostilla Gerpe.


Ambos insisten en la calidad de la sanidad y los avances de los últimos años en relación con el Parkinson. También que el momento del diagnóstico es muchas veces el más complicado, pero “tenemos que aprender a seguir con nuestras vidas y a convivir con los síntomas porque esto no tiene cura, pero son múltiples las posibilidades que se nos ofrecen para afrontarlo, tanto medicamentos como terapias, e incluso avances como “unha máquina que acaban de traer para Santiago”, comenta con una sonrisa Manuel.


“Estuve un año realmente mal, pero después entendí que o me enfrentaba a él o me llevaba, y ahora muy bien”, explica Ángeles. En el caso de Manuel, él supo lo que tenía “casi desde que noté que algo no iba bien”, así que cuando lo escuchó de su neurólogo, “no me sorprendió y decidí plantarle cara desde el primer minuto” porque la actitud son dos de las herramientas más importantes para hacer frente el Parkinson. “Un compañero comentó hace unos días que esto es un inquilino que está ahí y que no se va a marchar, con lo hay que intentar llevarse bien con él”, resume Manuel. 

La actitud cuando el inquilino se llama Parkinson