Yolanda, reina y republicana

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Siguiendo la toma de posesión de la nueva vice, una señora a mi lado comentó: “¡qué bien viste la reina ¡”, otra que la acompañaba la corrigió: “no es la reina, es la que va a ser vicepresidenta”. La confusión era comprensible, Yolanda vestida de blanco marfil, incluso papal, no se correspondía con la estética de sus compañeros podemitas, un toque “pijo” en su vestimenta propio de alguien que pretende marcar estilo una vez acomodada a la moqueta ministerial, o sea, un poco de casta que dirían los Iglesias antes de Galapagar.


Recordamos muchos a esa Yolanda agresiva que acusaba a Feijóo de querer abandonar Galicia para irse a Madrid cuando ella era parlamentaria gallega. Le faltó tiempo a ella misma para salir corriendo a la capital del reino en cuanto tuvo oportunidad, imagino que con la sonrisa de Feijóo en su conciencia. Fue diputada en las Cortes Generales por la provincia de La Coruña para salir corriendo, otra vez, hacia Pontevedra como cabeza de lista porque sabía que no renovaría su acta por la circunscripción coruñesa y ahora parece que intentará renovar por Madrid marcando, quizá, un nuevo récord de diputada por varias provincias. Para completar su currículo hay que mencionar varias siglas: PCG, Esquerda Unida, Podemos, Marea, En Común y alguna que se me olvidará. Sus éxitos electorales son contados, sin olvidar su fracaso más sonoro, la desaparición en Galicia de la marca Podemos o En Común, campaña que lideró ella personalmente y cuyos resultados prefiere olvidar. Como ministra hay que recordar su explicación de lo que eran los ERTES, que no la entendió ni ella, teniendo que recurrir al auxilio del ministro Escrivá, una actitud un tanto paternalista para una feminista ejerciente.


Quizá no supo explicarlo porque nada tuvo que ver ella con esa legislación que vio la luz bajo el gobierno del PP y que ha salvado a muchas familias de una ruina más que probable al amparo de la pandemia. Ahora Iglesias la designa como su sucesora y la tilda de “mejor ministra de trabajo de toda la democracia”. 


Cabe pues preguntarse cuántos empleos ha conseguido crear o como solventó el virus informático del Sepe que mantiene sin cobrar a miles de subsidiados por carecer de una mísera copia de seguridad de los archivos del paro. Con cerca de seis millones de parados y otro millón en ERTE camino del paro. Sobre su lealtad habría que preguntarle a Beiras, que la conoce bien o a alguno de sus colaboradores en el ayuntamiento de Ferrol, donde también la conocen bien.


En el ensoñamiento de Iglesias la presenta como la futura presidenta de España, ahí es nada, desde el convencimiento, eso sí, de que Yolanda Díaz carece de partido y de peso político orgánico, con lo que ya descuenta la capacidad de manipularla desde los despachos oscuros de Podemos. La sonrisa siempre fingida de Yolanda Díaz la delata, ni ella se puede creer el momento que vive. Quizá sabiendo que no reinará nunca porque, me temo, su república no es de este mundo.

Yolanda, reina y republicana