Pablo Iglesias deja el Congreso cinco años después de su llegada entre murmullos y lágrimas

Pablo Iglesias se despide con los aplausos de su compañera Yolanda Díaz/EFE/Chema Moya
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Poco más de cinco años han pasado entre la imagen de Pablo Iglesias entrando al Congreso entre lágrimas en su primer día como diputado y la de este miércoles, cuando, esta vez como vicepresidente del Gobierno, se ha despedido con las mismas palabras de sus inicios: "Porque fueron somos y porque somos serán".


Aunque formalmente aún no ha renunciado al acta, Iglesias ha dicho adiós al Congreso tras la sesión de Control al Gobierno en una Cámara mucho más vacía que la de 2016, a la que no han acudido los ministros de Unidas Podemos Alberto Garzón ni Manuel Castells, ni tampoco Irene Montero, titular de Igualdad y número dos de su partido.


Yolanda Díaz

Pese a las ausencias, y entre aplausos de sus compañeros y también de los diputados socialistas, Iglesias ha dado la mano a la que será su sucesora, Yolanda Díaz, en un gesto que bien podría leerse como el paso del testigo de Unidas Podemos tanto en el Gobierno como en un futuro cartel electoral.


Iglesias acudirá el martes 30 a su último Consejo de Ministros para dedicarse después por completo a la campaña de la Comunidad de Madrid.


Enfundado en el traje que más cómodo viste, el de la contienda electoral, Iglesias inicia así su marcha atrás también en el partido, aunque se da por hecho que, pase lo que pase en Madrid, se mantendrá como secretario general de Podemos al menos durante los próximos meses. En su adiós, Iglesias ha rendido homenaje a los españoles que lucharon "contra el fascismo y por la libertad y la justicia social".


Denuncia contra García Egea 

Pero su último día en el Congreso quedará también el anuncio de que denunciará ante la Fiscalía al secretario general del PP, Teodoro García Egea, por "comprar votos" en la moción de censura de Murcia.

Con "don Teodoro", como Iglesias le ha llamado a veces con cierto rentintín, se veía el vicepresidente segundo las caras cada miércoles en las sesiones de control.


Quedará para la historia la ocasión en la que le sugirió vocalizar porque se le entendía "regular" con la mascarilla y García Egea le pidió un poco más de respeto por los distintos hablares del castellano.

Otro de los enfrentamientos que deja como vicepresidente es el que mantuvo con la exportavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, cuando ésta le llamó "hija de un terrorista" tras referirse Iglesias a ella como "marquesa", una actitud que le valió a la exportavoz el reproche de los populares.


Aunque el líder del PP ha pedido de forma reiterada su dimisión e Iglesias le ha afeado en otras tantas ocasiones que nunca más gobernará por haber agrandado al "monstruo" de Vox, la relación entre Iglesias y Pablo Casado ha sido en términos generales cordial, o al menos más que lo era con Albert Rivera, a quien llamó, entre muchas otras cosas, "fascista", "mascota de Rajoy" o "copia". A su sucesora, Inés Arrimadas, Iglesias logró dejarla fuera de los Presupuestos y hace poco le auguró la desaparición de Cs.


Choques con Vox

Tampoco se ha quedado atrás Iglesias en sus choques en el Congreso con Vox, a cuyo portavoz, Iván Espinosa de los Monteros, le pidió cerrar la puerta "al salir" cuando este abandonó una Comisión en la que Iglesias afirmó que a Vox le gustaría dar un golpe de Estado.


De los cara a cara con la interlocutora habitual de Vox en las sesiones de control, Macarena Olona, quedará para la historia el extraño duelo al que ésta le desafió después de que el vicepresidente se mofase de Santiago Abascal por llevar una mascarilla de la brigada paracaidista. "Como caballero retado, me toca elegir las armas: la palabra", dijo Iglesias.


Ataque a Pedro Sánchez en 2016

Pero hay que remontarse a su época como diputado para localizar las intervenciones más sonadas de Iglesias, quizás la más famosa de todas la que dirigió contra el ahora presidente, Pedro Sánchez, en su fallida sesión de investidura de marzo de 2016.


"Su partido fue también el del enriquecimiento rápido, fue el del crimen de estado. Desconfíe de los consejos de aquellos que tienen manchado su pasado de cal viva, desconfíe", lanzó Iglesias desde la tribuna ante la cara de sorpresa de algunos diputados de su partido, entre los que estaba Íñigo Errejón.


A esta etapa corresponden también sus declaraciones contra los "delincuentes potenciales" del Congreso, es decir, los diputados, y las ironías con Mariano Rajoy sobre el uso del móvil con los mensajes de Bárcenas como contexto. "En Twitter voy mejorando, y con los SMS me manejé peor, pero ahora también voy mejorando", bromeó el entonces presidente.



Careo con Aznar

Más recientes fueron sus careos con el expresidente José María Aznar en la comisión de investigación sobre la financiación del PP y sobre todo los que le enfrentaron a su ahora socio, el presidente Pedro Sánchez, en la sesión de investidura fallida de julio de 2019 que llevó -de nuevo- a repetir los comicios.


Desde la tribuna, Iglesias le reprochó que quisiera relegar a Podemos a un mero papel decorativo y le avisó de que su partido no se dejaría pisotear, llegó a diseccionar las negociaciones y lanzó un anzuelo para tratar de ganar el relato asegurando que pactaría si Sánchez le daba a Iglesias las políticas activas de empleo.

Aquella operación no salió, hubo elecciones solo siete meses después Iglesias posó con Sánchez en el pleno de investidura que le llevó a él hasta la Vicepresidencia Segunda del Gobierno, el puesto que siempre había querido, y que deja un año y tres meses después de alcanzarlo.


En aquella ocasión se le escaparon las lágrimas, pero esta vez solo se han dejado ver en el rostro de su sucesora, su "amiga" -tal y como ella misma se ha definido- y futura vicepresidenta tercera, Yolanda Díaz, que le ha agradecido haberse puesto siempre del lado de los que "padecen" la historia.


Está por ver qué recorrido le queda a Iglesias tras los comicios madrileños del 4 de mayo, pero, pese a sus salidas de tono y las animadversiones que despierta, casi nadie duda de que el Congreso se queda hoy sin uno de sus parlamentarios más notables.


"Estoy seguro de que todos le echaremos de menos", ha dicho el vicepresidente primero del Congreso, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, que sustituía a la presidenta Meritxell Batet durante la intervención de Iglesias. Pero no ha habido aplausos, sino murmullos en la bancada de la derecha. 

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