Contra el Zamora y una maldición

El equipo coruñés pone el foco en el partido con el Zamora | pedro puig
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En las últimas temporadas, al Deportivo no se le ha dado nada bien despedir el campeonato. El próximo domingo, no será un final de temporada al uso, sino un parcial. El equipo lo afronta con ambición, al alza y en buen estado anímico, todo suma para una cita en la que debe cortar el gafe de los cursos anteriores, superar al Zamora y esperar que la suerte esta vez le acompañe tanto en su partido como en el del Celta B o el Unionistas de Salamanca.


Habituado a acabar sonriendo en partidos decisivos de su historia, en los últimos años han sido más las decepciones en ese tipo de citas que las alegrías.


El gol de Vicente a finales de los ochenta que evitó un descenso a Tercera, la última jornada ante el Murcia que supuso el ascenso en 1991 en Riazor (el día en que se quemó el ‘meigallo’ y se incendió la grada), la promoción con el Betis para evitar el descenso al año siguiente, las finales ganadas en la Copa del Rey (2) y las tres Supercopas, el título de Liga, la permanencia que se consumó en el Camp Nou...


Esas fueron las alegrías. Y también hubo desilusiones en choques decisivos en la historia del Deportivo. Dejar escapar una Liga, con un penalti fallado, en el tiempo de descuento (1994), caer en la vuelta de unas semifinales de Champions en que era favorito (2004 ante el Oporto), el descenso a Segunda tras veinte años seguidos en Primera al perder con el Valencia en Riazor (2011), otro descenso en la despedida de la temporada 2012-13 ante la Real Sociedad en el mismo escenario y también dependiendo de sí mismo, y, ya más recientemente, dos capítulos que marcaron la situación actual del club.


El primero, el no ascenso de la temporada 2018-19. El Deportivo había ganado con holgura en Riazor al Mallorca, parecía que los dos goles iban a bastar para conseguir el ascenso a Primera División, pero el 23 de junio de 2019 se la pegó en Palma. Fue goleado, perdió la renta del partido de ida y se quedó a unos centímetros del ascenso, los que salió desviado un remate del central Pablo Marí. Historia negra del deportivismo como el de la última fecha del curso pasado, la del ‘Fuenlagate’.


El Deportivo no dependía de sí mismo para evitar el descenso a Segunda B porque había perdido esa condición en la penúltima jornada con su derrota ante el Mirandés en Anduva. Tenía que ganar al Fuenlabrada y esperar que los resultados del Albacete o el Lugo le favorecieran. Ni siquiera pudo defenderlo en el terreno de juego cuando le correspondía. El brote de Covid con el que se desplazó el Fuenlabrada a Galicia se lo impidió. El partido fue suspendido y la jornada no se disputó como estaba prevista, en horario unificado. El único encuentro aplazado fue el del Depor, que bajó por los marcadores de Lugo y Cádiz, donde ganó el Albacete con un absurdo penalti por mano de los gaditanos. Así acabaron los deportivistas en Segunda B esta temporada. Ahora, el deportivismo espera que toque cara en la moneda, que la cruz ya les tocó en el pasado, que se acabe el gafe de la última jornada y el equipo obre el milagro de acabar la primera fase de la temporada entre los tres primeros, un objetivo que parecía imposible y que ahora es más factible: ganar al Zamora y que no lo haga el Celta B o pierda Unionistas.

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