Cansancio y hartazgo

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n enero, el periodista Iñaki Gabilondo dejó el comentario diario sobre la actualidad política en su emisora de siempre. “El problema soy yo, estoy empachado. Para asomarse cada día a una lucha partidista tan polarizada y encarnizada hacen falta fuerzas que yo ya no tengo”.


El domingo 7, Arturo Pérez Reverte anunció a sus lectores que se apartaba del debate político. “Me niego a comentar la actualidad… Este patio de Monipodio es un disparate en manos de demagogos, oportunistas e irresponsables de todos los colores...”.


Gabilondo y Pérez Reverte tiraron la toalla antes del terremoto político del miércoles pasado con epicentro en Murcia y réplicas en Castilla y León y Madrid, y después de esos episodios estarán aún más decepcionados, cansados y hartos de las maneras que exhiben los políticos.


Esos mismos sentimientos de cansancio y hartazgo embargan a muchos ciudadanos en forma de pesimismo e indignación con esta clase política irresponsable a la que la gobernabilidad de España le importa un comino, igual que a la catalana Montserrat Bassa.


España sufre una crisis espantosa. Asolada por la pandemia, la economía destrozada, miles de empresas cerradas o al borde del concurso, millones de parados, el hambre merodeando sobre millones de personas y hogares –lo dicen los informes de Cáritas y Cruz Roja–, la mayoría de la población desgastada psicológicamente, angustiada por la incertidumbre sanitaria y económica…


Y estos dirigentes, en lugar de volcar energías en la reconstrucción nacional, sacan sus principios políticos en modo Groucho Marx. Unos presentando mociones de censura y adelanto electoral alegando que lo hacen en nombre de la transparencia y del progreso, cuando lo que buscan es el reparto del poder que para muchos es su “único oficio” generosamente retribuido en esta España de seis millones de parados. Otros van incluso más lejos, desprecian los valores constitucionales y atentan contra el modelo de Estado que quieren demoler.


Su grado de frivolidad y egoísmo tampoco tiene precedentes desde la restauración de la democracia. ¿Cuánto tiempo se podrá soportar la “ludopatía política” de estos dirigentes, inmaduros e irresponsables, que están convirtiendo a España en un Estado en descomposición?


Pero no todos son iguales. Reconforta ver que Galicia goza de una estabilidad envidiable porque los tres grupos parlamentarios –sus líderes se reunirán el día 26 para abordar la reconstrucción económica y social de Galicia muy dañada por la pandemia– desempeñan sus funciones de gobierno y oposición de forma responsable. Claro que el mérito es del pueblo gallego que en las últimas elecciones no escuchó cantos de sirena y votó a políticos fiables. 

Cansancio y hartazgo