A Repichoca, dieciocho años de bailes y música en directo

El local A Repichoca, en Orillamar, cierra sus puertas por la crisis del Covid-19 | javier alborés
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Orillamar dice adiós a su ya legendario local A Repichoca, que anunció su cierre este mismo viernes en un comunicado publicado en sus redes sociales. La falta de ayudas y la inactividad del ocio nocturno ha llevado a Noa Paradela Otero, su propietaria, a decir adiós a dieciocho años de música en vivo y miles de bailes.


“Fue lo más bonito del mundo. El local lo montó mi madre cuando yo tenía 21 años y ella cincuenta. Su ilusión era montar un establecimiento de música en directo donde la gente pudiese tocar cuando le apeteciese”, dice. En todos estos años, y siendo ya ella propietaria, Noa se lleva una cantidad infinita de recuerdos y anécdotas. “Aprendí a bailar, conocí a mi pareja y ha sido lo más bonito que me ha pasado. Creo que puedo hablar por todos al decir esto”, sostiene.


Casi dos décadas de folk

Al echar la vista atrás, esta coruñesa no puede elegir un solo momento de entre estas casi dos décadas de folk. “La música en directo, las foliadas, los bailes, los aniversarios, que eran realmente alucinantes, los conciertos, etc. Cuando tienes música en vivo dos o tres veces por semanas y se montan esas fiestas tan cercanas, es difíciles elegir un solo momento”, asegura.


Hace poco más de 48 horas que la página de Facebook de A Repichoca anunció su despedida. Desde entonces, el móvil de Noa echa fuego y las muestras de cariño no cesan.


“Ya sabíamos que íbamos a recibir mucho cariño porque lleva siendo así desde el principio. La recepción ha sido siempre muy buena, aunque no éramos conscientes de que íbamos a recibir tanto apoyo y se nos ha ido un poco de las manos, porque ayer ya teníamos más de 200 mensajes en Facebook y cien WhatsApps”, comenta. A Repichoca, que ya se puede considerar historia reciente del folk en Galicia deja un largo y feliz legado. El futuro del ocio nocturno, sin embargo, parece muy negro para Noa. “Ayer hizo un año desde que nos dijeron que cerrábamos por quince días. En el último año solo pudimos trabajar cinco semanas, concretamente en julio, pero a principios de agosto decretaron de nuevo el cierre”, dice.


Esas últimas semanas de vida, pese al trabajo por mantener la limpieza y los aforos controlados, supusieron una “gran emoción y algo muy bonito”. 

A Repichoca, dieciocho años de bailes y música en directo