Feijóo no picó

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A esar de las presiones internas que el presidente gallego recibió para hacerles un hueco a Ciudadanos en las listas gallegas y regalarles así algún escaño en el parlamento de Galicia que de otra manera sería imposible, Feijóo dijo no y acertó de pleno. Cs no es de fiar ni ahora ni entonces y el Partido Popular hubiera sido rehén de un par de diputados que, en manos de la “veletita naranja” hubieran supuesto una legislatura bajo la amenaza permanente de una traición política que daría la espalda al deseo de los miles de gallegos que confiaron en el PP.


Pero es que lo de Ciudadanos es inigualable en lo que a errores se refiere. Nadie se ha equivocado tanto en tan poco tiempo, el propio Luis Diez Jiménez tendría materia sobrada para un nuevo ejemplar de su Antología del disparate solo con relatos sobre la formación naranja.


Se equivocó Arrimadas abandonando Cataluña tras su victoria electoral, se equivocó Rivera cuando no accedió a formar ejecutivo con el Psoe para montar un gobierno centrado sin la influencia de Podemos y se equivoca ahora al convertirse en el muñeco del PSOE en Murcia. Las disculpas con las que pretenden vestir este “muñeco” son tan absurdas como extemporáneas, no convencen a nadie ni dentro ni fuera de su propio partido y, lo que es peor, no se entienden por su electorado que ya los abandonó en Cataluña en favor de Vox y que espera impaciente otra convocatoria electoral para abandonarlos en toda España. Arrimadas busca atajos, quiere tener una presidencia autonómica al precio que sea pero, esta vez, el precio será el de su propia existencia. Mientras Arrimadas arremete contra el Psoe en Madrid cada vez que tiene ocasión su partido contrae matrimonio en Murcia con Pedro Sánchez e invita a la boda a Podemos, cuyos votos son imprescindibles para desbancar al alcalde Popular de la ciudad murciana.


Al mismo tiempo que Feijóo acertaba con su decisión, el equipo de Casado imponía el acuerdo en el País Vasco donde sacrificó a personas de su confianza para hacer hueco a los naranjas y como resultado regaló un escaño a Ciudadanos que, afortunadamente, no le vale ni para traicionar de nuevo al PP vasco. La “veleta naranja” es ya un ventilador que no sabe ni hacia donde va ni con quien y, por lo tanto, no indica ninguna dirección ni ayuda a configurar una hoja de ruta, con esos ingredientes el naufragio es más que previsible.


Arrimadas emula a la orquesta del Titanic que seguía tocando mientras el barco se hundía, aquellos músicos sabían bien lo que hacían, el por qué y el para qué, eso es lo que los diferencia de Ciudadanos quienes, calculo que, sin saberlo, ya hay que ser necios, acomodan su cabeza en la base de la guillotina solo a la espera de que las urnas dejen caer la cuchilla.

Feijóo no picó