La conversación y el relato

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Vivimos en la era del “relato”, es decir no importan los hechos sino como se cuentan o se ignoran.

Ahora mismo la “conversación” en que estamos todos poco o nada tiene que ver con el “relato” que imponen desde el Poder y sus medios afines.


El número de parados produce escalofríos, pero los sindicatos callan porque se sienten representados y beneficiados por quienes están en el Poder y por tanto no creen conveniente hacer revindicaciones que pueda poner en entredicho las políticas del Gobierno.


La más que cuestionable gestión de la pandemia que forma parte de las “conversaciones” de los ciudadanos, también está fuera del “relato” oficial y así tenemos al Presidente presumiendo de lo bien que él y su Gobierno hacen las cosas.


Pero el Gobierno se cuida de que nos entretengamos y así no hay día que no lancen carnaza para tratar de que el relato se imponga en la conversación. Por ejemplo, el que las Infantas Elena y Cristina se hayan vacunado durante la visita a su padre en Abu Dabi, un sector del Gobierno lo quiere convertir en una crisis institucional.


Con motivo del día de la Mujer en que el más elemental sentido común aconsejaba que no se celebraran manifestaciones multitudinarias, mire usted por donde el señor Presidente, siguiendo la estela de su ministra de Igualdad, se permitió decir dos días antes, que la derecha se alegra de que no haya manifestaciones. Esa afirmación torticera del Presidente forma parte del relato; por un lado la ministra de Sanidad dejó claro que este año era mejor quedarse en casa pero, por otro, el señor Presidente se viene arriba diciendo que los que están contentos de la decisión de su Gobierno son los de derechas. Hay que tener “morro”, que diría un moderno.


En cuanto al Ministerio de Igualdad, quién iba a decir que en vez de dedicarse legislar a favor de las mujeres ha decidido suprimirnos y argumentar desatinos como lo que ser mujer es una decisión que se puede tomar o dejar de tomar como si la biología no existiera. Si algo es el actual Ministerio de Igualdad es todo menos feminista. Pero en el “relato” oficial todo aquel que se atreva a discrepar de las decisiones que adopta la ministra debe de ser condenado poco menos que al Infierno.


Ya digo que el relato va por un lado y la conversación por otra de manera que se va ensanchando el divorcio entre política y calle.

Y ahí está lo que sucede en Cataluña, o los ataques de una parte del Gobierno contra nuestro actual sistema político, queriéndose cobrar una pieza mayor como es la Monarquía y provocando una continua crisis institucional.

Mucha gente calla por temor a que le descalifiquen por no ser políticamente correcto, es decir por no asumir la verdad oficial que no es otra que las del relato que escriben a diario en Moncloa.


Lo que no sé es adónde nos llevará esta esquizofrenia que nos hace vivir en dos realidades, la del relato oficial y la de la conversación ciudadana. Porque digan lo que digan las encuestas, los ciudadanos no somos tontos y distinguimos perfectamente entre el “relato” y la realidad. 

La conversación y el relato