Todo abierto

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Nunca ninguna elección está decidida hasta que se cierran las urnas. Sin embargo, en esta ocasión, todos los escenarios están abiertos. Todo o casi todo es posible y pasado el día 27 muchas cuestiones entraron en un período de irreversible revisión.
No va a bastar con tener más votos que nadie para ganar y los liderazgos, que ahora ya son más frágiles de lo deseable, pueden saltar por los aires. El triunfo es lo que hace al líder y quien no gane; es decir, quien no gobierne va a tener días amargos.
Estamos viendo como Aznar agita las aguas del PP o, mejor dicho, el liderazgo de Mariano Rajoy, y en el PSOE, en donde se ha firmado de manera tácita, una tregua hasta el día 27, se sabe aunque no se diga que Pedro Sánchez o logra gobernar o los que hoy ya firman cola para decirle algunas cosas, se las dirán. Ximo Puig, que ha dicho algo tan obvio como que todo es revisable, incluido el liderazgo de Sánchez, se ha limitado a decir, para sorpresa del propio Sánchez, lo que muchos piensan. Lo mismo cabe decir de Rajoy. Hoy por hoy, es indiscutible, pero no es seguro que si hubiera más tiempo por delante, el ambiente sería distinto. El 20 de Diciembre por la noche se iniciará el diseño de un panorama que a día de hoy es absolutamente impredecible.
Por todo ello, las sensibilidades están a flor de piel. Un gesto, una frase, un simple comentario adquiere de inmediato una categoría desmedida. Antes y ahora, por ejemplo, la confección de listas han tenido una pizca de tortura para todos los partidos y ahora de manera especial porque ni PP ni PSOE tiene sitio para todos.
Cuando se asegura que todo está abierto, el pensamiento se dirige, de manera inmediata, hacía los dos grandes partidos cuya liza es la realmente importante y decisiva. Pero no está de más ampliar el foco y mirar hacia Ciudadanos que en Cataluña ha dado el campanazo con unos resultados que ni ellos mismos esperaban. Y ello sin perder de vista a Podemos, que a medida que pasa el tiempo ha ido perdiendo interés, se ha ido desdibujando y sus caras más conocidas han perdido la frescura y novedad inicial.
Esto no le está ocurriendo a Albert Rivera, que con satisfacción comprueba como los dos grandes partidos, cada cual a su manera, en el fondo le están haciendo la campaña. Ni Madrid representa a toda España, ni Cataluña es homologable, en su realidad política, a todas las autonomías, de manera que más vale poner puntos suspensivos a día a día y mantener una cierta serenidad. Cuando la ansiedad se adueña de la política siempre se está más cerca del ridículo que del acierto
 

Todo abierto