El sentidiño de los coruñeses

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Sentidiño fue la Palabra do Ano de 2019. Se impuso con una mayoría indiscutible en votación avalada por la Real Academia Galega y la Fundación Barrié. Sentidiño es una palabra gallega que tiene, como todas, traducción, pero que en su viaje semántico pierde buena parte de su esencia. El sentidiño se parece al “seny” catalán, al “buonsenso” italiano, al “bon sens” francés o al “bom senso” portugués. Pero no es lo mismo.

La decisión de Alberto Núñez Feijóo de convocar elecciones autonómicas para el próximo 5 de abril es de sentidiño. Los gallegos ni queremos, ni necesitamos siete meses de campaña electoral, después de cuatro votaciones en 2019 tras las que no sabemos si los que gobiernan en nuestra ciudad y en Madrid suben o bajan, o si al menos han encontrado la escalera.

El presidente ha tenido el sentidiño y la agilidad de aislarnos del ruido de unos previsibles comicios en Cataluña. Porque aquí de lo que se trata es de hablar de Galicia, de los problemas que nos preocupan a los gallegos y de las soluciones que entre todos encontramos a todas esas inquietudes. En 2009 tomamos una decisión. Y aquella opción, diez años después, sigue siendo tan válida, o más. Hay, pues, dos alternativas: sentidiño o rebumbio. Rebumbio es también una expresión muy nuestra, pero dudo de que rebumbio logre nunca el consenso de sentidiño.

El 5 de abril podemos revalidar nuestra confianza en quien ­—¡qué duda cabe!— ofrece estabilidad, diálogo y garantías de futuro para nuestra comunidad y, en consecuencia, para nuestra ciudad. Frente a una inquietante querencia a la parálisis, el gobierno de la Xunta ha cumplido con creces sus compromisos con A Coruña. La ampliación y mejora de las Urgencias y los quirófanos del Chuac, la Tercera Ronda, la rehabilitación de la antigua Fábrica de Tabacos, la recuperación de La Marina y el Parrote, tres escuelas infantiles, dos centros de día o la penetración del transporte metropolitano al corazón de la ciudad, hoy ya gratuito para menores de 21 años, son algunos ejemplos tomados a vuelapluma.

No hay motivo para pensar que esta apuesta vaya a cambiar. ¿Por qué habría de hacerlo? Nadie en sus cabales duda de que el nuevo hospital será la culminación de ese constante afán por convertir el Chuac en el gran equipamiento que nuestra sanidad pública se merece. No hay duda de que la antigua sede de Sanidad se transformará en el Centro Amizar, el reactor de las políticas sociales; de que Eirís tendrá una residencia de la Tercera Edad, de que el parque Ofimático albergará un buen puñado de viviendas sociales o de que las trabas a la estación Intermodal tienen sus horas contadas.

Es de sentidiño que Alberto Núñez Feijóo vuelva a ser el candidato más votado en nuestra ciudad, como lo va a ser en toda Galicia. No es preciso esperar al 5 de abril para despejar esa incógnita. Está fuera de duda. Lo que los coruñeses y los gallegos decidiremos dentro de 49 días es si nos damos otra mayoría suficiente para tener otros cuatro años de sensatez, buen juicio y honradez a carta cabal o dejamos que un cuatripartito ­—rebumbio­— tire por la borda los muchos logros que los gallegos hemos conquistado juntos durante estos años. Por más que nos intenten calentar la cabeza, los coruñeses y los gallegos siempre seremos más de sentidiño que de rebumbios.

El sentidiño de los coruñeses