País de ignorantes

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Hay un ministro –de nombre De Guindos– que no acaba de caer del árbol de su nombre. Tiene una cartera de rimbombante nombre: Economía y Competitividad. Pero sólo eso: el nombre. Dice que en el presupuesto de 2014 aumentará la parte de I+D+i.
Y que ello ocurriría, desde que empezamos a ser pobres de solemnidad, por primera vez. Sería cosa de preguntarle al ministro qué entiende él por Investigación y Desarrollo. Porque si se refiere a las evasiones continuas de nuestros mejores cerebros nacionales –no hay ningún ministro entre ellos, desde luego, y tampoco está el caco Bonifacio coruñés-, si se refiere a ellos o a la infinita soledad y pobreza de las mejores mentes de este país, apañados vamos. Porque la sangría es continúa. Un día sí y otro también los periódicos españoles publican entrevistas con jóvenes científicos nacionales que tienen que “escapar” a otros países para poder investigar y, de paso, comer caliente.
Y algunos siguen hablando de la Marca España; ¡menuda estupidez! Hasta en Japón, por ejemplo, se están  carcajeando. Un simple jugador de fútbol de mediano pelaje supera con su ficha en España el coste de la formación doctoral íntegra.
Así pues, a nuestros mejores cerebros les quedan dos opciones: o secarse, o emigrar. En este puñetero, aunque adorado, país, de lo asignado hasta ahora a I+D+i sólo se utilizó, a tal efecto, la mitad. Ojala De Guindos haga el milagro y juegue limpio destinando la totalidad de lo presupuestado al fin previsto. De lo contrario, habrá dos Españas, a saber: la de aquí de sufridores e ignorantes y la intelectual del exilio, con miles de cerebros españoles de nacimiento, pero trabajando y nacionalizándose en otros países, para poder investigar comer y cumplir con su vocación, ya que en  su tierra natal ni pueden, ni les dejan.
Ejemplo, el doctor Cabanela, mientras, un tal Rajoy deambulando por Nueva York, lazando paridas y brindis al sol.

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